A ver si llego: ¡ay, dios mío! - television | Kane 3

A ver si llego: ¡ay, dios mío!

Llegar a fin de mes no es lo único que persigue la treintena de personajes de esta ficción inclasificable que finalmente estrena Tele5, tras varios titubeos, en el primetime dominical, con la emisión de un capítulo doble. El resultado ha sido malo. La cadena ha perdido 1,8 puntos de share en relación al domingo anterior cuando emitió el último episodio de temporada de Hospital Central y alrededor de diez con respecto a Aída, ahora en la noche de los martes. Un 16% de cuota de pantalla y algo más de tres millones de espectadores colocan A ver si llego como segunda opción de su franja, tras el telefilm sobre el caso de la niña asesinada en Huelva (Días sin luz), que estrenaba Antena 3 treinta y seis minutos antes y que atraía al 20% de la audiencia.



© Teresa Peyri. Telecinco
© Teresa Peyri. Telecinco

Nuria Dufour

El segundo episodio, Elecciones anticipadas, no salió mejor parado: la cuota descendió hasta el 15,1%, perdiendo un millón y medio de espectadores. Ambientada en un mercado popular, al que han llamado San Cosme (patrón junto a San Damián, su gemelo, de los médicos y cirujanos), una galería de personajes, a cuál más anodino y estereotipado, pululan y tropiezan por un enorme decorado de cartón piedra, cuya estridencia cromática no permite ver con claridad el espacio donde los guiones pretenden desarrollar una colección de ideas antediluvianas que no terminan de convertir en trama. Los personajes trajinan sin convicción (y los actores sobreactúan) alrededor de unas historietas de tebeo que abundan en los clichés a los que la casa-madre recurre para dar forma a sus repetidos productos.

© Teresa Peyri. Telecinco
© Teresa Peyri. Telecinco

Más que un mercado al uso, aquello son unos puestos de comestibles alineados a pie de calle, bajo las viviendas de los propios tenderos. Así, cuando les entra el apretón tienen la cama a mano. Porque la serie no trata, como anuncian las promociones, de la crisis económica. A ver si llego es una prolongación de Escenas de matrimonio, el bodrio en forma de telecomedia que le antecede en la parrilla. La pareja de panaderos (¿por qué llevan disfraces de no se sabe qué?) no desentonaría en el vecindario, cada vez más amplio, de la lamentable tira cómica (los diálogos que vocean son prácticamente idénticos). Y de algún otro título más.

José Luis Moreno (productor) ha mezclado algunas de las situaciones más rocambolescas de su gran éxito televisivo Aquí no hay quien viva (las reuniones de vecinos, por ejemplo), con otras de Aída (los personajes del bar están calcados), además de inspirarse claramente en la serie que en 1995 emitiera A3, ¿Quién da la vez?, ambientada en un mercado más creíble a orillas del río Manzanares, e incluso se ha permitido versionar en la cabecera la estética de revista de El hotel de las mil y una estrellas, una ficción-musical que TVE1 emitió a finales de los 70, de la mano de Luis Aguilé (los guiones los firmaba Carlos Pumares) y que localizaba en un hotel caduco (aquí lo decrépito es el mercado) que una inmobiliaria quería comprar para construir pisos de lujo (aquí la constructora, de sainete, quiere hacer un pomposo centro comercial en el solar).

"Si para el productor la serie es una vacuna contra los tiempos que vivimos, los responsables de la cadena tendrían que tener preparado algún otro medicamento para paliar sus efectos secundarios. A ver si llega(n) a fin de temporada"


© Teresa Peyri. Telecinco
© Teresa Peyri. Telecinco

Parecidos más que evidentes para llegar a la conclusión de que la nueva ficción de TL5 ha preferido recopilar contenidos de otras tantas producciones en detrimento de la originalidad. Además, por alguna extraña razón, se insertan, entre secuencia y secuencia, números musicales a lo Noche de fiesta (como el tango que se marca Neus Asensi o la parada de las majorettes) que no vienen a cuento.

Por lo visto, la historia central parece que va a girar alrededor del recurrente triángulo amoroso de todas las series, donde los arquetipos femeninos vuelven a tener las de perder. Un pescadero melancólico (Juanma Lara) porque su pareja (Neus Asensi) le deja por el frutero (Agustín Jiménez), y al que la recatada carnicera (Miriam Díaz-Aroca) no quita ojo, y muchos, muchos personajes que entran y salen de la acción sin la menor lógica. Entre ellos, los jóvenes, cuatro estudiantes que comparten hogar y escaseces, la dueña de un piso que alquila habitaciones por hora (Tina Sáinz), el hijo resabiado de los panaderos con marcado acento catalán que el guión justifica, la hija explosiva, el apuesto empleado de la pescadería, bisexual y gigoló, el empresario déspota y su vástago, un inútil que no ve más allá de sus narices,... y así toda una galería de tarambanas.

La realización es espídica. En las transiciones, los figurantes se mueven como si la música estuviera a punto de empezar y con ella la obertura de un número de vodevil. Los diálogos ("no vas a encontrar a otra con más mecha y munición", "mi talento supera con mucho el volumen de tus domingas", "a ti [la panadera] lo que te hace falta es que te den un buen meneo") sólo provocan sonrojo, los chistes no tienen gracia, los dobles sentidos resultan demasiado infantiles y las insistentes alusiones al mundo gay, animan a cambiar de canal.

© Teresa Peyri. Telecinco
© Teresa Peyri. Telecinco

A veces, al final de una frase uno siente que va a escuchar hasta un "¡¡¡olé!!!". Además de los batacazos y atropellos, las salpicaduras de barro (dos por si con una no hubiera sido suficiente), el "todo a cien" en la furgoneta con chino incluido, el croma del coche, la encuesta sobre el sexo,... Un sinfín de momentos disparatados que invitan a reflexionar sobre la ficción made in Spain.

Si para el productor la serie "es una vacuna contra los tiempos que vivimos", los responsables de la cadena tendrían que tener preparado algún otro medicamento para paliar sus efectos secundarios. A ver si llega(n) a fin de temporada.

30/01/2009

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