Ante el estreno de La noria, nueva propuesta de Telecinco para las noches de los sábados, no debemos caer en un doble error: ni se trata del destierro de la información del corazón en esa franja de la cadena, ni tampoco es una idea revolucionaria, ni siquiera novedosa. Más bien forma parte de ese grupo de formatos tan gráficamente denominados contenedores. Es decir, que ahí cabe de todo. Pero tampoco seríamos objetivos si desdeñáramos algunas de sus virtudes, entre las cuales se sitúa en primer lugar la de intentar recuperar el debate como espacio de interés para el espectador y, en segundo lugar, la de poner el dedo en algunas llagas. Es una verdadera lástima que el intento de debatir quede sólo en un conato, por ahora, y que las heridas hurgadas hayan sido escarnecidas con la sal de la demagogia.
Enrique Pérez Romero

Un antiguo amigo, que me enseñó gran parte de lo que pueda saber de este negocio de la televisión, decía una gran verdad: en marketing nada hay peor que el overpromise, es decir, prometer más de lo que puedes dar. Así que cuando La noria quiso venderse como un producto joven, dinámico y refrescante, cometió su primer error. El segundo, e imperdonable para un programa de reciente implantación, es comenzar las primeras ediciones con hasta casi una hora de retraso.
El programa ante el que estamos se estructura en tres líneas fundamentales: la entrevista, el debate y la nostalgia. Desde el primer día (25/8/07), se quiso instaurar el concepto de entrevista estrella. Y ahí comienza el mencionado overpromise, que ha terminado por abolir radicalmente ese concepto. En pocos programas (tres, concretamente) se ha pasado de Juan Carlos Rodríguez Ibarra a Isabel Gemio lo que, sin querer desmerecer a nadie, es un cambio significativo de concepto. La entrevista al ex-dirigente extremeño fue descafeinada y aburrida, sin apenas novedades respecto a otras que se le hubieran realizado; terminó decepcionando y, sobre todo, apuntando malos presagios para Jordi González en su batallar dentro de ese formato.
El fracaso fue aún mayor en el segundo programa (01/09/07), quizá porque también fueron más grandilocuentes las promesas ("la última charla con José María García antes de su retiro definitivo"). La entrevista comenzó mucho más tarde de lo anunciado (como el insobornable periodista se encargó de denunciar en directo) y, además, el propio García desmintió parcialmente que fuera "su última entrevista antes de retirarse", así que el empeño comenzaba del peor modo posible. Jordi no estuvo a la altura tampoco en aquella ocasión, por excesivamente adulador y demasiado prudente a la hora de tirar de los cabos que el genio de la radio dejaba sueltos (por ejemplo, la censura que José María Aznar ejerció en la COPE, razón por la que García se fue de la cadena, según dijo). Así las cosas, la entrevista se convirtió en un plato fuerte demasiado light y sólo sirvió para demostrar que José María García sigue siendo un comunicador de primera línea y que sigue acertando en casi todos sus diagnósticos; que Pepe Calabuch parece mucho más hábil preguntando a los personajes del corazón y que Urdaci sigue prisionero de su discurso ideológico durante la segunda legislatura de Aznar.

En definitiva, se entiende con facilidad que, tras dos fracasos consecutivos con dos personajes que son auténtica carne de jugosa entrevista, se prefiriera no ofrecer más intentos fallidos, y se pasara a apuestas mucho más cómodas como la de Isabel Gemio o Jesús Vázquez. Pero incluso con Isabel Gemio se le llegó a complicar la labor a Jordi, porque se intentaba que entrara en el terreno del corazón hablando de su ex, Nilo Manrique, y ella se resistía con dureza, llegando a rozar la tensión en algún momento; fue ese nerviosismo de Isabel el que la llevó a decirle a Terelu (quien la interpelaba para que hablara de Nilo) que al menos había tenido más suerte que ella con los ex (en alusión a Pipi Estrada); quizá ese momento haya sido uno de los más (involuntariamente) divertidos de todos los programas de La noria emitidos hasta ahora.
Si las entrevistas se le han atragantado a Jordi (incluso la de los padres de Madelaine que, como no podía ser de otro modo, sólo aportó más morbo al asunto y en la que el presentador tuvo que asumir estoicamente el plante del padre de la niña), en los debates tampoco ha desplegado su habilidad. En el que quizá fuera el más interesante de todos, el relativo a la polémica sobre la propiedad y el futuro del Pazo de Meirás, se cometió la imprudencia (¿voluntaria o temeraria?) de reunir ante la misma mesa a Jaime Peñafiel, Jimmy Jiménez-Arnau y Ricardo Sáenz de Ynestrillas; y el debate tardó unos minutos en saltar por los aires, justo hasta que Peñafiel amenazó con levantarse e irse, después de que Ynestrillas insultara al Rey. Y, en ese momento, el peor castigo para Jordi: Peñafiel le llegó a decir que no confiaba en él como moderador del debate. El intento fue un rotundo fracaso, puesto que acabó precipitadamente en una pausa publicitaria, sin ni siquiera despedir a los invitados. Sin embargo, el atrevimiento de convocar a un personaje como Ynestrillas aportó algo positivo al debate, una pregunta final: ¿Merece la pena, es coherente, invitar a la fiesta democrática del debate a alguien que pretende torpedear el propio sistema y que se refiere a "vuestro Rey", "vuestra ley" o "vuestra Constitución"?
"Lo más criticable de La noria es que juega con el morbo y la demagogia como elementos constitutivos de la base del programa"

Todo lo apuntado hasta aquí puede hacer pensar que Jordi González es el principal de los males del programa, y eso no se ajusta a la realidad. A no ser que él escoja a los invitados, establezca las duraciones de cada espacio, y decida que el programa se anuncie casi una hora antes (22:00 h.) de su comienzo (22:47 h. el día 08/09/07) para aprovechar el inesperado éxito de Escenas de matrimonio. Jordi, eso sí, no parece un excelente entrevistador, y por tanto no resulta lo más indicado invitar a esas entrevistas a pesos pesados como Ibarra o García. No es un mal presentador y, desde luego, posee unas dotes comunicativas notables: es capaz de transmitir sentimientos hacia el espectador con cierta facilidad, logra alternar registros como la ternura o la dureza en cortos intervalos de tiempo, es dinámico y conciliador... Pero no es menos cierto que este programa, que le permite realizar trabajos muy dispares, quizá demuestra definitivamente que no ha encontrado todavía su registro del éxito, como le ha ocurrido a Jesús Vázquez, que acabó por entender que a lo mejor no era válido para liderar un late-night pero sí para arrasar en un joven y fresco concurso vespertino. A Jordi tampoco le ayuda en exceso el apoyo del personaje de la narradora (con esa voz que, aunque sólida y bella, deja el sabor antiguo de la radio franquista), ya que le resta protagonismo sin ser capaz tampoco de llenar la pantalla.
A estas alturas del desarrollo del mercado televisivo, puede parecer demasiado insistente, y hasta ingenuo, comentar con desagrado el volumen de publicidad en todos los espacios, todas las franjas, todas las cadenas. Pero fijémonos: La noria del día mencionado anteriormente (08/09/07) debía comenzar a las 22:00 h. y empezó a las 22:47 h., después de que terminara Escenas de matrimonio a las 22:37 h. y después de ver ya el primer bloque de publicidad de diez minutos; desde esa hora (22:47 h.) hasta el final (2:20 h.) pudieron contabilizarse 51 minutos de publicidad y 172 minutos de programa neto, es decir, un 23% de contenido publicitario (un 26%, si sumamos los 10 minutos de regalo por el retraso). El hecho de que las cadenas ofrezcan esa hipertrofia publicitaria (incluso de madrugada: en el ejemplo de ese día, un corte de 15 minutos entre la 1:45 h. y las 2:00 h.) nunca debe dejar de ser denunciado; por cierto, creo que acabará yendo en su perjuicio, si eso no ha ocurrido ya, y en beneficio de otras ofertas (el DVD, los canales temáticos, etc.).
"Cuando La noria quiso venderse como un producto joven, dinámico y refrescante, cometió su primer error. El segundo, e imperdonable para un programa de reciente implantación, es comenzar las primeras ediciones con hasta casi una hora de retraso"

No hay mucho que decir del tiempo dedicado a la nostalgia, y que consiste en realizar un repaso visual y sentimental por un año en cada programa (1968, 1974, 1980, 1981 o 1993, entre otros, por el momento), puesto que sólo es una relectura nada innovadora del espacio, mucho más interesante aunque explotado hasta la náusea, que dirigió y presentó recientemente Jesús Hermida en Televisión Española. Pero lo cierto es que resulta históricamente necesario recordar los tiempos en que programas como Un millón para el mejor (1968) reunían a más de 10.000.000 espectadores ante la pequeña pantalla; no viene mal recordar que en este país han existido fenómenos mediáticos como el Letirap (es decir, Leticia Sabater bailando un rap infantil; 1993); o hasta qué punto han cambiado las cosas como para que ese mismo año (es decir, hace poco más de una década) se preguntara a una niña en el plató por los abusos a que había sido supuestamente sometida.
Pero quizá lo más criticable de La noria es que juega con el morbo y la demagogia como elementos constitutivos de la base del programa. Y si no, ¿Qué sentido tiene observar con cámara oculta lo que dice un sacerdote sobre la homosexualidad? ¿Qué va a decir? Y, por ejemplo, ¿Qué interés puede tener invitar a Paloma Gómez Borrero -más papista que el Papa- a un debate para denunciar el dislate de las anulaciones matrimoniales? Por otro lado, ¿A qué viene discutir en 2007 si la homosexualidad es o no una enfermedad, si no es para dar una impagable publicidad a algún carcunda que sigue pensando eso en nuestro país? Y, de verdad, ¿Tiene algún interés volver a la vieja historia de las famosas supuestamente prostitutas para no llegar a ningún lugar nuevo? Y, por fin, ¿es necesario remover el ya excesivamente manoseado cadáver de Antonio Puerta para dar a entender que se pudo salvar? (Se vino a afirmar, poco más o menos, que si hubiera una ambulancia en la puerta del estadio se habría salvado ¡Claro! ¡Y si hubiera otra en la de los institutos, en la de las empresas y en la de las casas particulares, seguro que habría menos muertes!)

Definitivamente, un programa en el que alguien afirma "¡Para que vas a ir al cine teniendo un PC en casa!" (29/09/07) y nadie se rebela contra tal aberración cultural y educativa, no puede ni debe ser referente de la televisión los sábados por la noche. La propuesta no supera al agotado ciclo de Salsa rosa y Dolce vita (a pesar de que supone una agradecida desintoxicación del cuore), no ofrece lo que prometió en su comienzo y no logra consolidar a un presentador que sigue buscando su hueco en la parrilla. Y sobre todo: los responsables deberían pulir mucho más la elección de los temas, de los invitados y, especialmente, del tono, para poder convertir al programa en algo más que un efímero experimento.
10/10/2007
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