Alina Iraizoz: "Metrópolis es una isla en medio de las programaciones televisivas" - television | Kane 3

Alina Iraizoz: "Metrópolis es una isla en medio de las programaciones televisivas"

Las vanguardias artísticas tienen un espacio propio en los medios: Metrópolis, el programa de La 2 de TVE dedicado a explorar las corrientes estéticas más destacadas del panorama nacional e internacional. Su directora, Alina Iraizoz, nos cuenta cómo ha sido el crecimiento del programa a lo largo de más de dos décadas

Por Carlos de Matesanz. Fotografía: Marisa W. Ringer

—Alina Iraizoz Montiel (La Habana, 1954) vive en España desde 1972 ¿Sus inicios periodísticos fueron también en nuestro país?

—Sí, porque yo salí de Cuba con sólo siete años —a pesar de lo cual conservo el acento—, luego crecí en Puerto Rico y vine a España a estudiar Periodismo en la Complutense. Como todos, empecé con una etapa de colaboraciones en distintos medios, sobre todo de prensa escrita, y después entré en el Ballet Nacional para llevar el gabinete de prensa entre 1983 y 1984. Y, en ese mismo año, me ofrecieron pasar a formar parte de un nuevo programa de Televisión Española.

—¿Ese programa era Metrópolis?

—Efectivamente; empezó a emitirse en 1985 y el mes pasado acabamos de cumplir 21 años de emisión. El primer director, Alejandro Gómez Lavilla me fichó como redactora del equipo cuando el programa estaba aún gestándose.

—Así forma parte de Metrópolis desde antes de su nacimiento.

—Sí, han sido 21 años que, cuando miro hacia atrás, ni me los creo; han pasado tan rápidos... Ahora, sí puedo decir, honestamente, que nunca, en todo este tiempo, me he aburrido de hacer lo que hago. Éste es un programa que te mantiene al día, en contacto con lo que pasa en todo el mundo, y eso hace que el trabajo cotidiano sea vivo y no pese. Además, está la variedad de temas; he hecho de todo en Metrópolis: de la danza al cómic, pasando por el cine, la pintura o la publicidad.

—Alina es la directora del programa desde hace doce años ¿Cuál ha sido su aportación a la línea del programa?

—Tal vez, una mayor atención al arte contemporáneo. Pero, sobre todo, yo siempre he sido consciente de que Metrópolis es un programa único en el panorama televisivo y, por eso, mi intención ha sido el mantener una continuidad en el espíritu del programa, haciendo en los últimos años una constante del monográfico.

—¿Cómo definiría Metrópolis?

—Yo siempre digo que es una pequeña isla en medio del mundo de la televisión, no sólo por su carácter minoritario o por estar dedicado al arte o por los temas que toca, sino por la libertad de que siempre hemos disfrutado a la hora de tratar cada tema. También es verdad que el horario de emisión tardío que siempre hemos tenido —cuando empezamos, éramos, literalmente, el cierre de emisión— nos ha beneficiado bastante.

—Algunas veces se le ha llamado "laboratorio de experimentación visual".

—No cabe duda de que la estética de Metrópolis fue, en su momento, la vanguardia visual de la televisión. De hecho, cuando surgieron las televisiones privadas, se inspiraron mucho en el grafismo y determinadas técnicas visuales que utilizábamos: Metrópolis fue el primer programa en que se utilizaron fondos negros en las entrevistas, cortinillas, grafismo más avanzado... Actualmente, intentamos mantener ese espíritu, pero centrándonos más en los contenidos. Hoy día es más difícil aportar algo nuevo al panorama audiovisual: las innovaciones parecen venir más del campo de la técnica que de la creatividad.

—Ya que menciona los contenidos ¿ha habido algún tema que haya generado polémica o escándalo?

—Hay temas que son difíciles de tratar, temas tan evidentes como la religión o los niños. Hay muchos artistas que trabajan con y sobre los niños, pero no todos los tratan de un modo lo suficientemente claro. Cualquier tema que no se pueda presentar de un modo inequívoco, claro y que se pueda prestar a malas interpretaciones, preferimos no tocarlo. No tenemos censura, ni por parte de los directivos de TVE ni por la nuestra, pero sí nos exigimos a nosotros mismos total claridad.

—Estética, contenidos... ahora le toca el turno a la estructura del programa ¿cómo ha cambiado la estructura de Metrópolis?

—Al principio era un programa de piezas sueltas, con dos o tres reportajes e, incluso, una pequeña agenda. Ahora los programas son monográficos de tema o de autor. Además, hay que recordar los meses de 1986 en que el programa fue diario: una auténtica locura.

—¿La periodicidad semanal es la más adecuada?

—Sin ninguna duda, Metrópolis no es un programa para ser diario; eso convendría más a un magazine cultural. Pero en fin, luchamos entonces por volver a la periodicidad semanal, que es la que permite profundizar en los temas y ofrecer visiones completas, documentadas, bien hechas de cada tema que tratamos. También la duración de 25 minutos a media hora es suficiente y conveniente. Puestos a pedir, eso sí, nos gustaría, no tener un horario tan tardío —porque estamos en torno a la una y media de la madrugada— y que fuera también un horario más fijo, porque siempre dependemos de la duración de las películas que nos preceden en la parrilla.

—¿Cómo se hace Metrópolis?

—En primerísimo lugar, con un equipo de nueve personas: tres redactores, que figuran en créditos como asesores, dos realizadores, dos productores, una secretaria... y la directora, que también hace redacción y seguimiento de temas, aunque sea en menor grado. Entre todos cubrimos una serie de citas fijas, como son los festivales que más nos interesan por su calidad: el de documentales de Rotterdam, los de publicidad de Cannes y San Sebastián, el Sónar de Barcelona... Al cabo de 21 años, tenemos un flujo de información muy intenso que nos llega desde los principales centros de actividad artística de todo el mundo. Pero, además, investigamos, viajamos y hacemos un seguimiento de temas que puede llevarnos hasta seis meses; por ejemplo: un programa que hicimos a principios de esta temporada dedicado a los outsiders, los artistas que trabajan fuera de los circuitos comerciales.

—Algo que en el programa parece especialmente trabajado y trabajoso es la posproducción.

—Eso depende mucho del tema; cada tema requiere su ritmo propio y su propia estética; a unos les conviene más una presentación sobria y en otros los realizadores pueden dar mayor rienda suelta a su creatividad. Del mismo modo que a todos los temas hay que calzarlos dentro del formato del programa, luego, dentro de ese molde, el tratamiento lo marca el propio tema.

—¿Qué temas, por un motivo o por otro, no se han podido incluir en el programa?

—Hay casos y cosas que, vistos en vivo, pueden parecer fantásticos, impresionan, son de gran calidad artística, pero luego no hay manera de llevarlo a la imagen. La televisión, aunque parezca el medio de comunicación total, también tiene sus limitaciones, y en el arte es donde mejor se ve. La obra de determinados arquitectos, por ejemplo, no se plasma bien en imágenes, no se capta el espacio en su totalidad ni la sensación que producen. Por otro lado, tenemos limitaciones presupuestarias: nosotros somos un programa pobre, digámoslo con humor resignado, a pesar de lo cual yo siempre he abogado por la producción propia: intentamos hacer dos o tres programas de producción propia al trimestre. Pero hay proyectos para los que, por más que lo intentemos, no nos llega el presupuesto.

—¿Por ejemplo?

—Nos encantaría hacer, y creo que lo haríamos muy bien, uno o más monográficos sobre Japón. O sobre Australia. Sería una gran experiencia..., pero se nos comería el presupuesto de todo un trimestre. Las limitaciones son las que son, pero merecería la pena, porque cada programa es, en sí, un documento sobre el arte en nuestro tiempo. Hasta tal punto que algunos profesores universitarios nos solicitan determinados programas para visionarlos en clase.

—Como tales documentos, ¿podrían incorporarse los fondos de Metrópolis al catálogo documental de museos y centros de arte contemporáneo?

—Eso nos gustaría, porque el valor documental del programa realmente lo merece; hay algunos Metrópolis incorporados a los fondos del Reina Sofía, pero pensamos que deberían aprovecharnos mucho más. Ahora, también es cierto que, si no se hace, no es por falta de voluntad o por desidia, sino por falta de medios: el replicado de cada programa, y son cientos de programas, requiere medios técnicos y humanos de los que las instituciones culturales de nuestro país no están muy sobrados.

—Después de 21 años en pantalla, ¿qué tal futuro se le presenta a Metrópolis?

—Espléndido; yo creo que aguantará otros 21 años más, por lo menos, aunque ya sea sin mí.

Entrevista publicada en el número 8 de KANE 3 (mayo 2006)

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