Caída y auge de Reginald Perrin: La inmortal extravagancia británica - television | Kane 3

Caída y auge de Reginald Perrin: La inmortal extravagancia británica

Mediados de los años setenta. El cuarentón Reginald Perrin tiene un sólido, aunque mediocre, empleo como ejecutivo de ventas en una empresa textil, vive en una confortable casa en una zona residencial de las afueras de Londres y su matrimonio resulta aparentemente feliz. No obstante, algo falla en esa vida, tan ordenada y exenta de conflictos, como grisácea y carente de emociones. Entregado a continuas fantasías que le apartan momentáneamente del sopor (un poco a la manera de Walter Mitty), bastará con que un día haga un paréntesis reflexivo durante su rutinaria jornada y medite sobre su existencia para darse cuenta de hasta qué punto la falta de alicientes le ha convertido en un vegetal humano.

© Cameo (serie editada en DVD)
© Cameo (serie editada en DVD)

Antonio Trashorras

Tras dicha epifanía, a Reginald Perrin le asalta una duda: ¿Y si acabase drásticamente con su aburrimiento destruyendo todos los pilares de esa vida, privada y profesional, que tanto le ha costado levantar? ¿Quizá si tuviese la necesidad de empezar desde cero disfrutaría más de cada momento de su existencia? Con esa idea demencial en la cabeza, Perrin decide un buen día dar el gran paso: Simplemente desaparecer sin dejar el menor rastro. En un gesto simbólico de una desnudez poética inesperada tratándose de un oscuro hombre de empresa, Perrin acude a una playa solitaria y, una vez allí, tras abandonar sus ropas junto a la orilla, emprende un viaje, que le llevará muy lejos, tanto geográfica como filosóficamente, de su vida anterior.

Tras pasar un tiempo trabajando como jardinero, Perrin (ahora bajo el nombre falso de Donald Potts) comenzará a echar de menos a su esposa, lo cual le lleva de regreso a su hogar, donde encontrará, ahora sí, un fuerte estímulo vital en el reto de recuperar el amor de su esposa, quien se encuentra en vías de casarse con otro hombre, tras dar a su primer marido por fallecido.

Después de adoptar una segunda identidad falsa (la de Martin Wellbourne, hipotético amigo del "desaparecido" Perrin) nuestro hombre consigue reconquistar a su mujer (sin ser reconocido) e incluso recuperar su empleo. No obstante, una racha de mala suerte llevará a Perrin a la ruina, lo cual le obliga a ganarse la vida cuidando cerdos. Es entonces cuando tiene una nueva idea absurda: abrir una tienda dónde sólo se vendan objetos inútiles, y que la gente pueda regalar a las personas que odia, para así dejar claros sus sentimientos. El nombre del comercio no puede ser más explícito: "Basura".

Convertido en un éxito sin precedentes, el negocio convierte de la noche a la mañana a Perrin en todo un millonario, si bien, al poco tiempo, éste cae en una nueva depresión, consciente del absurdo de una vida que no premia el verdadero esfuerzo sino las iniciativas descabelladas. Situado otra vez en una crisis existencial, Reginald Perrin tomará una nueva decisión drástica y, a la postre, de resultados aún más tragicómicos que las anteriores: tras contratar a unos necios delincuentes para que le asesinen, éstos fracasan y la publicidad obtenida por el incidente sólo sirve para que su empresa gane todavía más dinero.

"Una de las series más hilarantemente agrias y conceptualmente oscuras jamás escritas"

Basada en una serie de novelas humorísticas escritas por David Nobbs (encargado también de la adaptación a la pequeña pantalla) Caída y auge de Reginald Perrin constituye otro de esos irrepetibles ejemplos de excentricidad británica en el campo de la telecomedia, que confirman el histórico papel de dicha industria como principal motor creativo del panorama catódico a nivel mundial.

Quizá una de las series más hilarantemente agrias y conceptualmente oscuras jamás escritas, contemplada hoy día, Reginald Perrin resulta, si cabe, todavía más moderna que en su época, al focalizar, en clave de humor cruel, los conflictos de su protagonista en temas tan explotados desde los años noventa para acá como los desdoblamientos de identidad o el autoengaño psicopático.

Es necesario, por último, destacar la insustituible presencia del espasmódico, turbio y patético al mismo tiempo, Leonard Rossiter como ojo del huracán de todo ese disparate narrativo.

Si tuviéramos que hacer un ranking con las más grandes e icónicas composiciones de la historia del medio, la del Reginald Perrin de este inconmensurable actor estaría entre las primeras, sin ninguna duda
.

Artículo publicado en el número 8 de Kane3 (mayo 2006)

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