Desaparecida: Grandes interpretaciones - television | Kane 3

Desaparecida: Grandes interpretaciones

Fotografía cedida por TVE
Fotografía cedida por TVE

En unas semanas colmadas por la ficción nacional -Herederos (La 1), La familia Mata (A3), Cuestión de sexo (Cuatro),...- la 1, como ahora quieren que se conozca, estrena imagen corporativa y nueva producción dramática para la noche de los miércoles, y la apuesta ha funcionado. Un 18,6 por ciento de cuota de pantalla y tres millones trescientos mil espectadores colocan a Desaparecida a la cabeza de los estrenos, que no de los regresos -Hospital Central (26,8%), El Comisario (22,1%) o Cuéntame como pasó (21,5%)-, en una temporada muy reñida, recién empezada, donde a los nuevos títulos que ya se anuncian para los próximos días -El síndrome de Ulises (A3) y Gominolas (Cuatro)- se suman los primeros bailes en la parrilla -Quart, el hombre de Roma (A3), R.I.S. Científica (TL5), Hermanos y detectives (TL5)-.

Por Nuria Dufour

Producida por Grupo Ganga, el mismo equipo de la longeva Cuéntame cómo pasó (en La 1 desde el 13 de Septiembre de 2001, estrenó novena temporada hace unos días), Desaparecida sitúa la acción en la localidad imaginaria de Blancaró (identificable con cualquier población de los alrededores de una ciudad). Allí la familia Marcos (padre, madre y tres hijos) vive con angustia la desaparición involuntaria de Patricia, la hija adolescente a punto de cumplir los dieciocho, que se va de marcha a las fiestas del pueblo y no regresa. A partir de ese momento, la desesperación se apodera de una casa, donde el tiempo se detiene, el teléfono no suena y la vida continúa.

Fotografía cedida TVE
Fotografía cedida TVE

Luisa Martín y Carlos Hipólito, Lola y Alfredo, los padres de la joven desaparecida, junto al argentino Miguel Ángel Solá, el teniente Sierra encargado del caso, encabezan un reparto con interpretaciones de lujo, que hacen posible seguir con interés una historia que, aun demasiado pegada a la realidad, resulta creíble. La trama empieza en la cocina de un piso de clase media con Lola, la madre, atareada con la cena y discutiendo con sus hijos sobre algo tan habitual como la hora de vuelta, donde casi nunca hay consenso. Los diálogos familiares y las reacciones reconocibles (el comportamiento histérico de la madre sobrecoge por su naturalismo y el resquebrajamiento de un padre que no puede perder el control, emociona), van acompañadas de una factura muy cuidada y la trama se desgrana al hilo de un ritmo pausado aunque contundente. La secuencia de los interrogatorios simultáneos donde los personajes más cercanos a la protagonista (novio, madre, padre, tío, prima, hermano) aportan datos a la investigación de forma concisa y clara, no ralentiza una acción que normalmente se ve afectada en este tipo de escenas por inverosímil.

En la presentación de la serie, el director de TVE y los responsables de la producción, enfatizaron en el realismo dramático que se le ha querido dar a un producto que, sin basarse en ningún caso concreto, se inspira en otros tantos hechos reales de los que los telediarios informan con bastante frecuencia.

"Ojalá el drama de Patricia Marcos repita éxito la próxima semana y se asiente en la parrilla de La 1, porque argumentos bien guionizados, realizados e interpretados ya sólo empezaban a disfrutarse en las ficciones norteamericanas"

Fotografía cedida TVE
Fotografía cedida TVE

Además del destacado reparto, la serie acierta huyendo del morbo fácil sin recrearse, al menos en su capítulo inicial, en los momentos más penosos de la propia crónica, ni tropezar en exceso con situaciones tópicas. Los personajes principales se introducen y desenvuelven entre ellos con precisa claridad (no tanto los secundarios, aunque tiempo habrá en los doce capítulos restantes) y la historia de la desaparición de Patricia se centra en las dos tramas principales, la de la espera de la familia Marcos y la de la investigación policial, a la que se irán sumando las ficciones paralelas de otros tantos personajes y situaciones incidentales (la cobertura de los medios y las conductas vecinales sólo se apuntan en el primer episodio).

Patricia, el personaje que desaparece a los pocos minutos de empezar la serie y sobre el que se ensambla la historia, está presente a través de cuidados flashbacks, que resultan necesarios para que el espectador se familiarice con una protagonista que la mayor parte del tiempo va a aparecer en off, algo sin precedentes en la ficción española y que los responsables de la serie han resaltado como otra más de sus atractivas características.

Ante el inicio de un curso televisivo tan prolífico, donde unos títulos aprobarán y otros causarán baja, es de destacar la extraordinaria salud de la que gozan las series de producción propia, ante una perspectiva que hace unos meses no se pintaba tan prometedora. Ojalá el drama de Patricia Marcos repita éxito la próxima semana y se asiente en la parrilla de La 1, porque argumentos bien guionizados, realizados e interpretados ya sólo empezaban a disfrutarse en las ficciones norteamericanas, que vuelven a colarse en las programaciones de todas las cadenas.

04/10/2007

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