En terapia (In Treatment). Menos es más - television | Kane 3

En terapia (In Treatment). Menos es más

El estreno en EE.UU. de la segunda temporada de In Treatment (En terapia, en España), nos impulsa a echar la vista atrás y realizar un análisis de la primera entrega de esta serie magnífica. Multipremiada ya en su país de origen, quizá merezca la pena destacar el Globo de Oro para Gabriel Byrne como mejor actor, y el galardón de la asociación de guionistas estadounidenses, como mejor nueva serie.


Enrique Pérez Romero

Ha ocurrido algo maravilloso y al mismo tiempo terrible en la relación entre el cine y la televisión. Ésta, que comenzó como hermana bastarda de aquel, ha venido siendo considerada una especie de vástago alocado, mediocre y, al mismo tiempo, siempre muy atado a la modernidad o, mejor, a la contemporaneidad. El cine, sin embargo, ha pretendido conservar el prestigio de lo poético y lo serio, mientras veía cómo sus obras eran cada vez más abandonadas en favor de las páginas catódicas. Este debate ya se encuentra, por supuesto, completamente superado; de hecho, hoy, ya son muchas las voces que claman por la mayor calidad de muchas ficciones televisivas, respecto a las propuestas supuestamente adocenadas de un séptimo arte al que le cuesta encontrar ese necesario equilibrio entre la calidad de los contenidos y la comunicación pública del mensaje.

Tan superado está el debate que, mientras el cine recurre a los viejos recursos del espectáculo de feria (con todos los respetos y, a veces, con admiración) para recuperar espectadores (nuevos desarrollos tecnológicos en los efectos visuales, las tres dimensiones, vuelta a géneros especialmente dados al impacto visual -superhéroes, terror, musical- , secuelas y secuelas de las secuelas...), la televisión vuelve la vista al pasado del cine para alcanzar algunos de sus logros más brillantes: el silencio, el plano/contraplano, la exigencia en la técnica interpretativa, la mesura en las duraciones. Y aquí llegamos a En terapia (HBO; EE.UU., 2008-2009)

El esquema de partida es el paradigma de la sencillez: un psicoterapeuta, Paul (Gabriel Byrne), una consulta, cuatro pacientes (uno por día de la semana, de lunes a jueves). ¿Y el viernes? Es él quien acude como paciente a la consulta de su colega Gina (Dianne Wiest). También desde el punto de vista de los elementos formales: primeros planos, leves y escasos movimientos de cámara alrededor del espacio compartido por terapeuta y paciente, planos medios, ligeras y discretas melodías de acompañamiento... las palabras necesarias, los silencios coherentes... Algunos personajes secundarios (la esposa, los hijos) sirven para explicar y contextualizar la necesidad terapéutica de Paul, y pocas y muy escogidas salidas al exterior nos ayudan a conocer algo mejor algunas de las situaciones vitales de los pacientes. El resultado, una de las mejores series que quien escribe ha podido ver.

"Lo mejor de En terapia, sin duda, es la consecución de objetivos máximos (en tensión narrativa y en emoción), mediante el empleo de medios mínimos. Es la demostración palpable de que en el desarrollo audiovisual, habitualmente, menos es más".


Antes de comentar la serie estadounidense, hay que ser justo reconociendo la paternidad de la idea y de algunos guiones originales, en la serie BeTipul (Israel, 2005 y 2008), en cuya creación destacaron Hagai Levi y Ori Sivan. El colombiano e hijo de Gabriel García Márquez, Rodrigo García (Bogotá, 1959), se convirtió en el alma máter de la serie, concretando su trabajo en la producción ejecutiva, la redacción de guiones y la dirección de algunos capítulos. No entraré, por tanto, en el siempre funambulista ejercicio de repartir méritos, aunque sí me parece necesaria y pertinente la aclaración.


Lo mejor de En terapia, sin duda, es la consecución de objetivos máximos (en tensión narrativa y en emoción), mediante el empleo de medios mínimos. Es la demostración palpable de que en el desarrollo audiovisual, habitualmente, menos es más. Los autores no renuncian a herencia alguna de la imagen, y emplean la riqueza teatral (casi unidad de escenario, protagonismo total de actores y diálogos), literaria (cuidadísimos diálogos, en lo semántico y en lo rítmico) y cinematográfica (exactitud y coherencia en el empleo de la escala de planos, máxima atención a la duración de cada unidad de acción); el resultado es un producto televisivo que recoge la potencialidad de los tres medios y la exprime hasta la esencia.



Claro que, para lograr esos resultados, es imprescindible contar con un elemento que, incomprensiblemente, cada vez se encuentra más ausente en los análisis supuestamente sesudos sobre el audiovisual contemporáneo: un buen grupo de intérpretes. Como ocurre en el teatro, con la ventaja aquí de poder repetir toma, el actor se encuentra solo ante un texto de máxima exigencia, y debe dar en cada toma lo mejor de sí mismo. No hay excepciones en esta serie, donde todos se nos muestran en estado de gracia, desde los consagrados Gabriel Byrne y Dianne Wiest, pasando por los intérpretes de los pacientes, Melissa George (Laura), Blair Underwood (Alex), Josh Charles (Jake), Embeth Davidtz (Amy) y Mia Wasikowska (Sophie), hasta llegar a algunos secundarios de lujo, como Michelle Forbes, que da vida a Kate, la esposa de Paul.

Sophie es una adolescente obsesionada con el gimnasio que sólo puede mantener relaciones con hombres mayores que ella, con problemas alimenticios y que tiene una compleja relación con sus padres; Alex es un militar que ha vuelto tocado de la guerra de Iraq, que venera a su riguroso padre y que muestra una violencia exterior equiparable a su fragilidad interior; Amy y Jake acuden para tratar de reconducir su situación de pareja y, convencido cada uno de su papel en la relación, tendrán que ir descubriendo que se encuentran completamente equivocados; Laura, por su parte, acude a la consulta porque no acaba de ver clara su relación con los hombres, y se acaba enamorando de Paul.


Aunque el resultado de cada terapia es diferente (con dos éxitos y dos fracasos, podríamos decir, generalizando mucho), todas tienen en común que llegan al núcleo del problema de cada paciente, provocando la inevitable situación de choque psicológico, que da lugar a cuatro escenas magníficas, una por paciente, casi ya al final de la primera temporada. Especialmente sobrecogedor resulta el momento en que Alex, un hombre esencialmente rocoso e inaccesible, rompe a llorar y aparece ante nosotros completamente destruido; ya en esos planos se anuncia un final trágico que, aunque esperable, no carece de un fuerte impacto para el espectador.


"Comentario aparte merece el trabajo de Gabriel Byrne, un actor con mayúsculas que lamentablemente hace tiempo se perdió para el cine"


Globalmente, quizá es la de Alex la mejor historia, puesto que en ella podemos asistir a la dualidad del carácter de Paul, que debe buscar dentro de sí sus mejores cualidades como terapeuta, y que acaba fracasando estrepitosamente; también Alex nos enseña ejemplarmente la distancia que puede haber entre nuestro interior y nuestra fachada, en una de las muchas reflexiones valiosas que nos va dejando la serie; y, por fin, es la historia de Alex aquella que, aparentando mayor simplicidad, esconde una mayor complejidad, conformando un perfil psicológico que en el tramo final de la temporada se nos antoja apasionante.

La riqueza de En terapia no se agota en los propios procesos psicológicos de los pacientes, y esta es otra de sus mayores virtudes. Por un lado, se establecen cinco genuinas relaciones personales entre cada uno de los pacientes y Paul, así como entre Paul y Gina, que dan lugar a momentos magníficos, como la mirada de agradecimiento de Sophie hacia Paul cuando se despide de la consulta, por haber conseguido que llegara a la verdad de sus sentimientos; o la escalofriante rudeza con que Gina le pide a Paul, ya terminando la serie, que deje de machacarla para tratar de sentirse mejor, mostrando también una emotiva fragilidad inimaginable en el personaje.

También la relación de Paul con su mujer, Kate, y sus hijos, se convierte en una sólida línea narrativa. Paul y Kate están pasando por un mal momento, y tampoco la relación de él con sus hijos parece la mejor; no es la parte del guión más brillante -la presencia de los hijos parece demasiado funcional y da lugar a desear una mayor información sobre su pasado, que se nos escamotea- pero también ofrece conversaciones que nos erizan el vello, en las que la frialdad entre Kate y Paul anuncia la muerte inevitable del amor.

La eficacia de las palabras y de los gestos es el material dramático básico con que En terapia construye unas emociones auténticas, alejadas de cualquier sentimentalismo. Comentario aparte merece el trabajo de Gabriel Byrne, un actor con mayúsculas que lamentablemente hace tiempo se perdió para el cine. Su omnipresencia no sólo no molesta, sino que nos impulsa a conocer más; él protagoniza todas las líneas dramáticas de la serie, y logra todos los matices que se le podrían pedir. Su presencia escénica, uno de los conceptos más relevantes y menos definibles de la dramaturgia cinematográfica, es imponente.

En terapia es una serie para paladares exquisitos, esos a los que les gusta saborear cada plano, cada diálogo, cada emoción. Se trata de una ficción asombrosa, entre otras cosas, por cómo logra que, a pesar de su ritmo pausado y su concisión narrativa, veinte minutos parezcan nada.


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22/08/2009

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