Fernando Argenta es, de largo, el divulgador de la música clásica más conocido de nuestro país. Su programa Clásicos Populares lleva tres décadas en la antena de Radio 1; pero uno de sus mayores desafíos, en el que batalla desde hace seis años, es el espacio televisivo El Conciertazo, en La 2 de TVE, dirigido al público infantil.

Por Carlos de Matesanz. Fotografía: Marisa W. Ringer
—Fernado Martín de Argenta Pallares (Madrid, 1945) es hijo del que fue el más grande director de orquesta español (Ataúlfo Argenta). ¿Cómo ha influido esto en su carrera?
—Pues alejándome de la música. Mi padre sabía lo exigente que es la profesión musical y lo inútil que resulta si no llegas a ser el mejor, y quiso que hiciese una carrera universitaria que me procurase una vida algo más fácil. Él falleció siendo yo niño todavía y, cuando llegué a los 17 años, el mítico director Ernest Ansermet se encargó de continuar la labor paterna desanimándome aún más, asegurándome que ya era tarde para empezar estudios de música. Y claro, cuando una persona que es un mito de la Música te dice algo así, no te quedan fuerzas para replicarle.
—Sin embargo, aunque no emprendiese esos estudios, la música siguió en su vida.
—Sí, como muchos sabrán, formé parte, precisamente por aquellos años, del grupo Micky y los Tonys. Y, acabada la carrera de Derecho, decidí que, aunque entonces ya sí fuese demasiado tarde, haría estudios musicales serios, aunque nunca llegase a ser un director de orquesta profesional, que es lo que hubiese querido ser..., y aún seguiría queriéndolo...

—¿Entrar en los medios fue la manera de seguir profesionalmente en contacto con la música?
—Sí, empecé haciendo todo tipo de programas musicales en Radio Nacional y ahí nació Clásicos Populares que, por cierto, celebra ahora su 30 aniversario. Es el programa, informativos aparte, más antiguo de la emisora.
—Aunque es el programa que más fama le ha dado en su carrera, aquí hemos de hablar de otro que, sin duda, la ha acrecentado: El Conciertazo, que se emite los sábados por la mañana en La 2 de TVE ¿Cómo surgió la idea de este espacio?
—Hace seis años, Pío Cabanillas me pidió algún proyecto para televisión que incluyese música en directo con la Orquesta de RTVE; yo le presenté varios y él eligió El Conciertazo. Pero yo pensé que no se iba a llevar "a efecto" porque, con la rapidez con la que cambian las cosas y los cargos en el "ente público", no creí que diera tiempo a que cuajase el asunto. De hecho, no era ni mucho menos, la primera vez que me habían pedido proyectos de divulgación musical para televisión; en los años anteriores había presentado varios y todos habían acabado en algún cajón de despacho sin llevarse a cabo. Con El Conciertazo pensé que pasaría lo mismo. Pero no: se hizo y aquí estamos.
—El programa es, entonces, una producción de Televisión Española.
—Sí; y con toda lógica. Es un proyecto que entra de lleno en lo que cualquiera entendería como televisión pública y eso es algo que al equipo, que pertenece por completo a TVE, le motiva muchísimo; bueno, hasta tal punto que en estos seis años ese equipo no ha tenido cambios. Los niños están muy desasistidos de programas musicales, y no sólo en España, sino en muchos países más. Programas como El Conciertazo, con una orquesta sinfónica en directo a su disposición —que es un lujo—, no creo que los haya en ningún país de nuestro entorno.
"Nosotros pretendemos derribar el prejuicio de que la música clásica es un peñazo, y eso hay que hacerlo justo en la infancia, cuando los prejuicios no han arraigado".

—Una orquesta que, no obstante y paradójicamente, casi nunca es la de RTVE.
—Pues sí, porque ésta tiene una temporada de conciertos en el Teatro Monumental de Madrid que no le deja demasiado tiempo libre. Nos asiste más frecuentemente la Orquesta Filarmonía, que dirige el maestro Pascual Osa. Es una de las pocas orquestas privadas del país, que ya existía cuando comenzó El Conciertazo y que nos permite un beneficio mutuo: nosotros tenemos una excelente orquesta a nuestro servicio y ellos, mayor estabilidad y proyección a todo el país a través de la televisión.
—¿Cuál es la idea rectora de El Conciertazo?
—Por supuesto, la de acercar la música de modo directo a los niños; que vean y que sientan el espectáculo que es toda una orquesta sinfónica tocando para ellos. Pero, por encima de esto, que es obvio, divertirles. No sólo porque es la única manera de llegar al público infantil desde un medio como televisión, sino porque para formar y educar ya están las escuelas y conservatorios... y, sobre todo, deberían estar también las familias. Alguna vez nos han acusado de no hacer un programa pedagógico; pero los huecos de atención a la música para niños que hay en nuestro país no se pueden llenar con media hora semanal de televisión. Nosotros pretendemos algo menos ambicioso pero muy, muy importante: derribar el prejuicio de que la música clásica es "un peñazo", y eso hay que hacerlo justo en la infancia, cuando los prejuicios no han arraigado. Si un niño acaba divirtiéndose con un programa en el que hay una orquesta, eso ya es pedagógico per se.
—¿Cuál sería la edad de vuestro público objetivo?
—Al estudio invitamos como público a niños de entre siete y diez años, pero nos consta que niños mucho más pequeños, hasta de dos añitos, se divierten con El Conciertazo. Por eso hemos incluido recientemente algunas cosas —unas marionetas muy simpáticas— susceptibles de atraer también a los más pequeños. En cualquier caso, somos conscientes que por encima de los doce años, el programa pierda interés porque los adolescentes requieren otro tipo de tratamiento.

—¿Cuál es la estrategia de El Conciertazo para atraer a los niños a la música clásica?
—Convertir la música en acción, muchas veces a partir de su título; cada obra da pie a una historieta y la orquesta está siempre presente ilustrando esa acción que llevan a cabo actores u otros niños y, así, sin sentir, acaban familiarizándose con la música. Por eso hemos consumido más de 1.300 obras con títulos jugosos. Al final, la selección musical acaba convirtiéndose en uno de los puntos más trabajosos. Entre otras cosas, porque tampoco puede ofrecérsele cualquier música a un niño: las piezas más rítmicas enganchan más; si, además de esto, están en modo mayor y son más movidas, pues mejor aún...
—¿Cómo se graba el programa?
—Grabamos dos a la semana, en un teatro de Pozuelo, y lo hacemos casi como si fuera en directo, porque los chavales que tenemos como público son muy impacientes y si les tienes más de 10 minutos de parón empiezan a gritar eso de "Que empiece ya, que el público se va...". Además, vienen a vernos por colegios, en horas de clase, y no podemos pasarnos de su horario. Así que tenemos que tenerlo todo muy ensayado para hacerlo lo más rápido posible.
—Sin embargo, con la orquesta tocando en directo, a veces incluso con coro, los niños subiendo al escenario, marionetas, ballet... Parece muy complicado.
—Lo es, claro. Si mezclar niños y música clásica es complicado, añadimos la televisión y el resultado puede ser explosivo. Pero todo funciona como un reloj porque el equipo del programa es lo más profesional que te puedas encontrar y porque yo, no sé, debo de tener todavía bastante de niño, porque con los chavales siempre he conectado bien. Hombre, el hecho de haber presentado muchos conciertos didácticos en vivo a lo largo de bastantes años me ha ayudado mucho, como experiencia escénica, para presentar El Conciertazo. Recuerdo uno que hice con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ante ¡8.500 chavales en un polideportivo! Después de eso, 400 en un estudio me parece hasta poco.
—A pesar de haber realizado la mayor parte de su carrera en la radio, parece estar muy cómodo ante las cámaras.
—No me intimidan en absoluto y soy igual delante que detrás de ellas; además, como no voy de guapo, no tengo que preocuparme de cómo me sacan. Lo duro es lo previo: escuchar mucha música, hacer los guiones, prepararlo todo. Lo demás es fácil porque no me cortan los chicos, no me cortan las cámaras y tengo un equipo magnífico: así que estoy realmente cómodo y feliz; vamos, que disfruto. Y eso creo que se trasmite. Bueno, hasta el punto de que la Asociación de Telespectadores de Cataluña me ha concedido recientemente el premio Zapping al mejor presentador de televisión del 2005, y eso que también estaban nominados Eva Hache y Manel Fuentes. Vamos, más no se puede pedir.
Entrevista publicada en el número 7 de Kane3 (abril 2006)
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