
Por una vez los programadores de las cadenas generalistas se han puesto de acuerdo para convertir el prime time de los martes en el contenedor de las novedades de una temporada con más ruido que nueces, donde los clásicos campan a sus anchas y los estrenos, con alguna excepción, se tambalean. Cuatro desplaza en una hora su otra ficción y la jugada funciona. Cuestión de sexo se afianza en el nuevo horario y Gominolas se convierte en el estreno más visto de la historia del canal* y en uno de los más seguidos del curso televisivo. Un 17,1% de share y tres millones doscientos mil espectadores lo sitúan en el cuarto lugar del ranking del día, entre los imbatibles Escenas de matrimonio y Yo soy Bea, que se colocan en tercer y quinto puesto respectivamente.
Por Nuria Dufour

Apenas unos minutos antes de que terminara el partido de fútbol que emitía Antena 3 y precedida de un prólogo, más promocional que informativo, aparecen en la pantalla las primeras imágenes de Gominolas y con ellas las presentaciones apresuradas de sus personajes de cabecera y las de la media docena de secundarios, incluida la voz en off de la muerta, tan poco original como prescindible, que completan el reparto de una serie donde Fernando Tejero (¿terminará creyéndose un perdedor?), su mayor reclamo, repite los tics que le encumbraran.
El capítulo inicial, más que situar la acción y ubicar a unos personajes perdidos en sus propias miserias, se ahoga en los tópicos de otras series (y ya van unas cuantas) e insiste en los clichés que saturan producciones de corte similar. Las características del personaje de Lluis Homar (el mejor sin duda del casting), como el padre-representante desvergonzado del que fuera niño artista (y ahora adulto por imperativo del tiempo) están calcadas de las que Antonio Dechent, otro progenitor jeta y vividor, despliega en La familia Mata (Antena 3), comedia de pretendido humor irreverente, que este lunes ha cedido su franja horaria al estreno de un programa de realidad, Esta casa era una ruina, de periodicidad variable y emociones teledirigidas. Pero se aleja de la otra ficción y acierta en el formato de telecomedia (muchas secuencias y una duración ágil de 30 minutos) y en no dulcificar la sordidez de los cuatro desafortunados ni en humanizar el ambiente que les rodea.

Veinte años han pasado desde que el grupo infantil Los Gominolas, en claro y directo guiño a Parchís, el quinteto musical que triunfó en los ochenta, actuara por última vez sobre un escenario, tras una carrera meteórica que tardó lo mismo en desvanecerse y sus vidas siguieron caminos diferentes. Dos décadas después y en la treintena, la noticia de un trágico suceso (la muerte de una de las chicas, Ingrid, en oscuras circunstancias) evita el suicidio de otro de los componentes, Benjamín, y sirve de excusa (peregrina) para unir al grupo, que renace muerto porque tras el reencuentro se esconde la necesidad de arreglar unos destinos más que inciertos.
La trama está salpicada de flashbacks que pretenden ilustrar los comienzos de unos niños que un día fueron estrellas (fugaces). Los tres chicos y las dos chicas que integran el grupo bailan brincando, cantan gritando y se visten para las actuaciones con los mismos colores chillones que identificaban a aquellos a los que caricaturizan, pero el trasfondo social va más allá de la simple parodia. Acostumbrados a ser el centro de atención durante unos años cruciales en sus vidas, Benja (Fernando Tejero), Bruno (Arturo Valls), Susana (Kira Miró), Tinín (Gorka Lasaosa) e Ingrid (off, Yolanda Arestegui), la muerta-narradora, son ahora cuatro fracasados, cuatro juguetes rotos de una sociedad que un día endiosa y otro da la patada.
"Acierta en el formato de telecomedia y en no dulcificar la sordidez de los cuatro desafortunados ni en humanizar el ambiente que les rodea"

Tras la nueva apuesta dramática de Cuatro se esconde Globomedia, una de las productoras pioneras y más prolijas en esto de la ficción nacional (desde Médico de familia no ha parado) y, como ocurre en otras series de la misma compañía, la factura está muy cuidada y los actores bien escogidos. Los guiones, sin embargo y a pesar de algunos diálogos brillantes por atrevidos, se pierden en situaciones saturadas de chistes fáciles y acciones repetidas. Las secuencias con la muerta en off están demasiado presentes a lo largo del episodio y resulta inevitable acordarse de otra muerta, Mary Alice Young, la suicida de Mujeres Desesperadas, aunque las distancias entre ellas (y no precisamente por el timbre de las voces) sean kilométricas.
La serie parece que ha dado con el perfil de la cadena. Ya lo anunciaba Daniel Gavela, su director general, el día de la presentación al afirmar que Gominolas puede abanderar lo que queremos ser en el terreno de la ficción y es un regalo para conmemorar nuestro segundo aniversario. Sin duda y a tenor del resultado, no se puede ser más visionario, aunque en esto de las cifras es preferible la cautela y esperar a ver si la audiencia fideliza en las próximas entregas, claves en su futuro recorrido, porque ejemplos de estrenos con buenos datos que después se frustraron hay unos cuantos y los personajes de esta serie, a juzgar por lo visto en el primer capítulo, no apuntan la solidez dramática de los protagonistas de Siete vidas o Aída (productos creados por el mismo equipo de Gominolas), para aguantar varias temporadas.
* Cuenta atrás, otra producción de Globomedia para Cuatro, registró el día de su estreno (8/05/2007) una cuota de pantalla ligeramente superior, 18,2% y dos millones ochocientos veintinueve mil espectadores.7/11/2007
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