Gran Reserva: Falcon Crest a la riojana - television | Kane 3

Gran Reserva: Falcon Crest a la riojana

TVE vuelve a apostar por un producto "de calidad" (grandes decorados, localizaciones, reparto, presupuesto) y la audiencia aplaude el envite. Los datos del primer capítulo no reventaron audímetros, pero auguran ficción vinícola para los próximos meses. Un 20,9% de share y 4 millones de espectadores convierten a Gran Reserva en el estreno más visto de la temporada. Ninguna de las cuatro nuevas producciones estrenadas desde el pasado septiembre (90-60-90, De repente los Gómez, Los Protegidos y Karabudjan) se acercó en su capítulo inicial al 20% de cuota, solo Los Protegidos, que arrancó con un prometedor 18,6%, se ha despedido de la parrilla de A3 logrando un subrayable 20,3.


Nuria Dufour

Ansia de poder, relaciones infieles, traiciones sin límite, amores no correspondidos, hijos ilegítimos, asesinatos, puñaladas traperas..., alimentan Gran Reserva. La nueva ficción de La1 ocupa la franja de Águila Roja, la producción estrella de la cadena desde que el 19 de febrero de 2009 el espadachín del siglo XXI, Gonzalo de Montalvo, irrumpiera en las pantallas. Con un share próximo al 30% y casi 6 millones de espectadores semanales, la serie más vista de los últimos años, finalizó el pasado jueves su segunda temporada. Estos datos, y el obtenido por Gran Reserva, vienen a confirmar que la desaparición de la publicidad en la pública no produce el mismo resultado en todos sus títulos. Con idénticas cartas juega su partida televisiva cada lunes Pelotas y a duras penas, la ficción costumbrista futbolera, supera el 10% de cuota de pantalla.


Gran Reserva ha cambiado la tauromaquia, el entorno que envolvía a otra serie de sagas de La1, Herederos (2008), por la viticultura. El resto (personajes arquetipo, ambientación de catálogo, tramas imposibles, diálogos arcaicos, iluminación sombría, música de ascensor), similar, gira alrededor de dos familias enfrentadas desde sus orígenes. Una, numerosa y desalmada, los Cortázar, representa el paradigma de la ambición en su versión más clásica. La otra, los Reverte, personifica la bondad, el romanticismo y el amor por la tierra en sus acepciones más tradicionales. Pero ambas esconden secretos inconfesables y la animadversión que siente la una por la otra se acciona siguiendo esquemas paralelos. Los mismos que nutrieron el entramado de otras dos producciones enmarcadas entre viñedos: Nissaga de poder (TV3, 1996) y El señorío de Larrea (ETB, 1999).


De nuevo, la tiranía del fuerte sobre el débil a golpe de talón, el despotismo del hombre sobre la mujer, personalidades, una vez más, ancladas en la candidez, el instinto maternal, la sumisión y los escrúpulos de conciencia. La maldad femenina vuelve a estar relacionada única y exclusivamente con el puterío más patoso. El guión desarrolla para ellas situaciones pueriles propias de otras épocas, en las que nociones como el compromiso, la culpa o la familia se aplican en sentido estricto. Mientras que las motivaciones que en ellos potencian los instintos más primarios, aun partiendo de excusas igual de estrafalarias, se plantean con menor ingenuidad y mayores licencias. "La bondad", explica el padre al hijo honesto (Francesc Garrido), adoptado para más señas, "no es una de las cualidades que se le pide al director de una bodega". Frases como esta son las que distan a las series españolas de las norteamericanas, empeñadas en que los personajes justifiquen sus conductas antes de tiempo.


"Las intrigas que entrelazan sus avatares son tan obvias, tan de manual culebrero, tan reiterativas, que hasta el espectador más adicto al zapeo las habrá descubierto entre salto y salto de canal (y ahora hay unos cuantos)".


Los Cortázar están capitaneados por don Vicente (Emilio Gutiérrez Caba), el patriarca, un hombre adusto, exigente y amoral que cede la dirección de la empresa a uno de sus hijos, Miguel (Tristán Ulloa), el que más se le parece. Bodegas Cortázar atraviesa horas bajas. La familia está a punto de perder el contrato que les salvaría de la quiebra si no consiguen hacerse con los viñedos vecinos, una bodega de dimensiones más modestas. Miguel está casado, mantiene relaciones con la abogada de la familia. Es machista, altanero, cínico y muy seguro de sí mismo. Pero cuando está al borde de poner patas arriba el clan familiar, alguien dispara contra él dejándole en estado de amnesia. La matriarca de los Reverte, doña Sofía (Ángela Molina), una mujer frágil en apariencia, pierde a su marido en extrañas circunstancias. De la noche a la mañana se ve en la necesidad de sacar adelante junto a sus hijos (Daniel, el malcriado, y Lucía, la responsable) un negocio ruinoso.

El conflicto entre las dos estirpes está servido. Las intrigas que entrelazan sus avatares son tan obvias, tan de manual culebrero, tan reiterativas, que hasta el espectador más adicto al zapeo las habrá descubierto entre salto y salto de canal (y ahora hay unos cuantos). El primer capítulo serpentea por una única línea argumental: la voluntad de los Cortázar para conseguir los viñedos Reverte y, aunque presenta con moderación al conjunto de personajes principales, lo que se agradece, destapa demasiada información sobre ellos. Entre medias, una trama policial capitaneada por la agente Ortega (Luisa Martín), ésta apenas apuntada, deberá esclarecer las causas de la muerte del patriarca de los Reverte, el sabotaje a su bodega y el intento de asesinato del recién nombrado heredero de los Cortázar.


El planteamiento general de Gran Reserva recuerda, y mucho, a la mítica Falcon Crest. Lo sorprendente es que hayan pasado treinta años desde que TVE emitiera las disputas entre dos familias vinícolas californianas, los malos, malísimos Channing y los buenos, buenísimos Gioberti, y la ambientada en el ficticio Valle de Tuscany se vea a día de hoy más actual que la que ahora se estrena, situada en la imaginaria localidad de Lasiesta y rodada en parajes de la campiña riojana.


Producida por Bambú Producciones, responsable de Desaparecida y Guante blanco, en Gran Reserva destaca el reparto, coral, cuyas notables interpretaciones sin duda facilitarán el seguimiento de unas tramas predecibles. Pero como con el vino, habrá que dejar que los encuentros y desencuentros entre las dos familias en liza vayan adquiriendo "cuerpo".

18/04/2010

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