Juan y Medio: "Para mí todos los días es la final de la Champion League" - television | Kane 3

Juan y Medio: "Para mí todos los días es la final de la Champion League"

Juan y Medio podría ser tu hermano, tu compañero de trabajo, tu amigo, tu novio, tu vecino del quinto, tu psicólogo, tu tío de Almería o tu profesor de tenis... Porque cuando aparece en la pequeña pantalla, como uno de los personajes de La rosa púrpura del Cairo, se sienta en tu sofá, a tu lado, y te cuenta lo que pasa por la vida, la vida real. Aviso: puede parecer un extraterrestre, en estos tiempos que corren combate en múltiples batallas en defensa de los más desfavorecidos.

Por Ana Sanz. Fotografía: Marisa W. Ringer

—Siempre me has recordado a Groucho Marx en tu forma de tratar las situaciones más tristes y amargas de los invitados de tu programa con humor inteligente y surrealista...

—A mí me parece absolutamente genial, me halaga muchísimo que ya que me comparas con alguien sea con Groucho. Groucho es un creador o por lo menos es el hombre que saca a flote un tipo de humor no necesariamente ofensivo, tú sabes que se hacen chistes sobre el jorobado, sobre el pobre, sobre el borracho, sobre la puta... Hay un humor que es siempre a costa de pisar un poco al que está un peldaño más abajo que tú, ¿no? Yo no he sido nunca muy partidario de eso, el talento consiste en hacer reír a los demás sin ofender necesariamente al otro, soy de tener un sentido del humor que busque las cosquillas del poderoso porque lo bonito es que tú hagas reír a los demás a costa de lo que les hace llorar.

—Groucho dijo: "Encuentro la televisión bastante educativa, cuando alguien la enciende me marcho a otra habitación y leo un buen libro". ¿Qué tipo de televisión ves en el poco tiempo libre que te queda al finalizar tus grabaciones?

—Yo hago televisión, no la veo. Pero además no te creas que es una fantasmada, te digo lo que no veo y tú dices "venga ya, no te tires el rollo". Por no molestar a ningún compañero no he visto ninguna serie de televisión. No me preguntes por ninguna de las más conocidas porque no las he visto. Me apasionan los documentales de viajes, los de historia y luego los animales..., me sorprenden tantísimo, siempre tengo animales, estoy rodeado de ellos. Y me llama mucho la atención el arte. Me gusta mucho la artesanía, los oficios perdidos, la gente que sabe tejer..., la música clásica.

—Un licenciado en Derecho al que le hubiera gustado ser médico ¿cómo llega a la televisión con Inocente, inocente en el 92?

—En mi casa todos hemos aprendido, sin querer, a entretener a la gente, a ser agradables, a procurar la sonrisa y entonces yo creí que ése podía ser mi oficio. Lo que pasa es que también entendí que eso es de una vanidad absurda porque yo soy tan guay o tan listo o tan hábil, no. Yo voy a estudiar una carrera como todo el mundo y cuando acabo digo "bueno, ahora voy a ver por dónde sale el sol". Y me la voy a jugar, pero a la vez que era manager de Hombres G, empresario de hostelería, empresario de espectáculos, todos los años hipotecaba mi piso para que me dieran el dinero para contratar a última hora a El Último de la Fila, a Mecano, a Rosario, a Alejandro Sanz y elegía la plaza de toros de Córdoba, venga permisos, montar escenario..., me la jugaba. ¿Salía bien? Pues luego me permitía ir de figurante. "Yo es que vengo para este casting". —"No, no vale tan alto, gracias". "No, eres demasiado bajo, gracias". "Tienes bigote" —"Me lo puedo afeitar". —"No, pero ya no vale, pero tal"... Mil millones de castings.

—O sea que fue poco a poco, no conoció a nadie y después por la puerta grande...

—No, no, yo soy de los de bolsa de plástico con un yogur, un sándwich, una coca-cola porque eres un extra de una película. "Eh, todos para ya, todos para acá..." . ¿Entiendes? "Venid con traje negro que es una fiesta", pues yo me ponía mi traje negro, pero ya tenía un coche cojonudo en mi puerta y mi piso y mi carrera y había viajado por medio mundo y me sentaba a hacer bulto en una película. Yo veía cámaras, veía focos, veía actuar a los actores, cómo lo decían, por qué repetían, por qué no repetían, qué toma era la válida, cuál no.

"Soy de tener un sentido del humor que busque las cosquillas del poderoso porque lo bonito es que tú hagas reír a los demás a costa de lo que les hace llorar"

—Volvamos a tu magazine diario de Canal Sur Punto y Medio. Estás considerado como una de las imágenes identificativas de esta cadena. ¿Es demasiado el peso que llevas a tus espaldas al ser líder de audiencia, tratas de no ser consciente de esta presión o no la tienes?

—Yo es que básicamente soy de oficio inconsciente. No me dedico a pensar en mi vida para nada. Mira, yo estoy pendiente de dormir bien, estoy pendiente de que la niña que me gusta me haga caso, estoy pendiente de sacar mi perro, de encontrar el libro que me gusta, de aquella canción que llevaba años detrás de ella de tiendas. Y luego, tener muy claro muy poquitas cosas, que son: todo el trabajo de todos mis compañeros me lo entregan a mí. Es mi responsabilidad en ese momento que todo salga maravillosamente bien, luego, tonterías las justas. Soy el que está más reconocido socialmente, el que más cobra de todos mis compañeros, lo menos que se puede es estar al servicio de todos los demás y llegar todos los días como si fuera el primero. Me dice la gente, —"¿tú no te aburres?" Digo: —"Para mí todos los días es la final de la Champion League, todos los días", pero sin pensar que eso es así.

—¿Cómo se lleva el formar parte de una cadena que está en el punto de mira de la oposición en Andalucía? Me refiero, por ejemplo, a la trascendencia que ha tenido tu otro programa Menuda noche con el especial de Nochevieja y la entrevista a Manuel Chaves. ¿Una televisión pública lleva implícito ser víctima de la politización y la polémica?

—No lo sé. Te doy mi palabra de honor, por si te sirve de algo lo que desde niño se dice "palabra de honor" como dándole toda la trascendencia que se pueda dar: A mí jamás ha venido nadie a darme una consigna. Y nadie va a tener pantalones para venir a dármela. O sea, vamos a retar ya al que venga de izquierdas o de derechas a decirme lo que tenga que decir, en mi vida...

—También trabajaste en Canal Nou que era del otro lado, ¿no?

—Yo he trabajado en todos los sitios. A mí nadie ha venido a decirme, "oye mira, te convendría..." porque es que me harto de reír. Debe ser que la gente me quiere mucho, me respeta, lo que sea. Soy un presentador, yo no he invitado a Manuel Chaves, le ha invitado la productora y yo voy y trabajo. A mí me da igual traer a Chaves, como que vaya Arenas, como que vaya..., yo voy a trabajar y quiero a que mis niños los traten de lujo. Y le han hecho unas preguntas que cuando la oposición haya visto el programa se habrá hartado de llorar de la vergüenza porque pedir el amparo del Defensor del Pueblo porque ha ido un señor al que le preguntan los niños: "¿Su madre sabe que está usted aquí?" "¿Tiene usted hijos y está casado?" "¿Y le gusta la tortilla?" "¿Y usted fue hippie?" Unas cosas... Pero que yo me llevo bien. Entiendo que la oposición debería tener cosas más importantes de qué ocuparse, pero si le da por ahí pues que le dé. Yo no puedo hacer nada, yo me limito a cumplir con mi obligación.

—En uno de los bloques de Punto y medio acuden corazones solitarios en búsqueda de compañía, frente a otros programas con gritos, hijos secretos, exnovias cabreadas... ¿Por qué en ocasiones parece que el servicio público, la labor social en la televisión está reñida con el entretenimiento?

—Pues sí, eso es lo que nos han hecho creer, pero no es así. En mi programa, desde el principio creo que la gente venía a ligar, pero es gente que está sola, pero enfermizamente sola, sola sin recursos económicos, sola que sus hijos no les llaman, han pasado a ser invisibles, no gustan, no atraen, no se les habla, no interesan y esa gente es la que va allí. Y ha despertado en la sociedad andaluza un interés por lo genuino, por lo auténtico. Yo tuve una lucha personal, primero: buenos modales, ausencia de morbo, en cuanto la señora dice: "Y mi hijo..." "Señora, usted beba agua que voy a contar un chiste, que me acordé el otro día..." Yo no quiero que tengamos audiencia a costa de que esa señora pase un mal rato, es que a mí no me pagan por eso.

—Sin embargo en la mayoría de los programas parece que el presentador/a se recrea en la circunstancia más vergonzosa, más sangrante...

—Claro, pero esa es la ilusión que me hace a mí, ese señor viene porque no le queda más remedio, él no quiere venir, nadie quiere ir a la tele a mostrar cómo eres, nadie quiere montarse en un coche, estar la noche anterior sin dormir, estar a expensas de que le pongan un mote en el pueblo o que le gasten una broma pesada y que le digan: "Ridículo en la tele el otro día". Entonces, todo el mundo viene vendido, se encuentran con un profesional que domina el medio, ahora te llevo, te chuleo, te toreo y te dejo en ridículo ¿para hacer más audiencia? No. Tú y yo no hemos tomado todavía la sombra debajo de ningún árbol plantado por nosotros, todos los árboles que hay los ha puesto la gente que va a mi programa, las personas mayores. No vale todo ni en la guerra ni en el amor, eso es mentira.

—Supongo se ha barajado la posibilidad de que Punto y medio dé el salto a nivel nacional, ¿Crees que este formato tendría éxito en el resto de España?

—Volvemos a lo de antes, sería un exceso de vanidad. La idiosincrasia andaluza es muy particular, no es tan fácil extrapolar esto.

"Soy el que está más reconocido socialmente, el que más cobra de todos mis compañeros, lo menos que se puede es estar al servicio de todos los demás y llegar todos los días como si fuera el primero"

—Pasemos a la radio. ¿Qué tal tu experiencia como tertuliano de Olga Viza en RNE y con Teresa Viejo en la desparecida Radio España?

—Fantástica. La radio es tan mágica..., te quiere provocar emociones que no cuentan con la imagen, por tanto son mucho más intensas. Tú estás en la cama y yo te digo: "Ella pudo ver al hombre a través de la cocina", tú ves el hombre que tú quieres ver, no el hombre que yo te obligo a ver en la pantalla, y la cicatriz que tiene el asesino es la cicatriz que más miedo te da a ti, que es la que viene de arriba abajo y deja el ojo en blanco. Desarrolla la imaginación. Y luego hay otra cosa muy hermosa de la radio que no tiene parangón y es: yo voy con mi radio porque soy pastor y estoy en una sierra de Albarracín en Teruel con un grupo de ovejas y oigo la radio. Eso sí que es acompañar, eso sí que es llevar la comunicación al extremo total, en el coche, en todo...

—Como actor has trabajado en múltiples series (Turno de Oficio, El Súper, Todos los hombres sois iguales, Este es mi barrio...). En cine has interpretado distintos papeles en ¡Ja me maaten...!, Operación Gónada, Trileros, algunos cameos como en El día de la bestia... ¿Por qué te dejas ver tan poco en la gran pantalla?

—Por falta de tiempo, porque me han llegado proyectos hermosísimos de gente tremendamente importante que yo fregaría los platos de ese rodaje por estar al lado de ellos, no saldría ni en pantalla por ser solamente compañero de rodaje. Pero no tengo tiempo, tengo un directo diario, más los niños, pero hombre, es apasionante todo lo que sea fingir. El teatro me ha impresionado muchísimo cuando estuve de gira por toda España, como primer actor de una compañía, me pareció brutal. Cuando estuve en Almagro trabajando tú dices: "Por aquí ha pasado todo, ha pasado Lope de Vega, ha pasado..., un momento ¡¡¡que estás en las mismas tablas !!!" Y a mí se me para el corazón. Por aquí ha pasado Amparo Ribelles o Merlo o Paco Rabal... Tú dices: "No puede ser, estoy aquí, soy lo último de lo último, qué emoción, qué fuerte", ¿no?

—¿Y tu experiencia en la piel de Mario junto a Lola Marceli (bis a bis) en la exitosa obra El triple salto mortal con pirueta de Jesús Campo García?

—Es una experiencia que no te terminas de creer, yo recuerdo la mañana siguiente al estreno, me desperté tres o cuatro horas antes para ser feliz. Estuve en la cama siendo feliz, estaba con mi chica, ella dormía y yo decía: "He estrenado en Madrid, ninguno de mis hermanos, ni padres, ni nadie de mi entorno ha podido hacer eso".

—En el cortometraje Mal de altura de Patxi Barco (2001) interpretaste a un montañero con parálisis...

—Hay una cosa, fíjate, que no se cobra nada de esto y qué sufrimiento porque fue entre grabaciones y grabaciones. Llegué sin dormir, me metieron en un pico de alta montaña, todo el mundo se movía y yo estaba en una silla de ruedas a bajo cero. Ahí estuvimos rodando, cinco de la mañana en la montaña, acabar a las tantas y venirme a hacer un programa con Bibiana Fernández a Madrid. Horroroso, pero no me arrepiento de nada, era una maravilla de guión.

—El Oscar siempre se lo lleva el que interpreta el papel más desgraciado, la comedia siempre ha acaparado menos premios. ¿Para un actor qué es más difícil, hacer reír o hacer llorar?

—Particularmente para mí, hacer reír, hay muy pocos que hagan reír. Te diré lo dice un proverbio judío que es genial: "La risa se oye desde mucho más lejos que el llanto". Luego en la memoria de la gente queda el que hizo reír tanto, el que distrajo, el que entretuvo.

—Colaboras desde hace años con Greenpeace, Amnistía Internacional, Anesbad, la Fundación Inocente, Inocente, la Asociación Española contra el Cáncer... Cada uno hace lo que quiere, claro, pero, ¿no se echan en falta más rostros conocidos?

—Es que yo no soy quien para dejar en evidencia a otros. Se echa en falta a los conocidos y a los desconocidos, se echa en falta que hay mucha gente enferma y es una cosa que a mí no me cabe en la cabeza, o sea que no nos estemos matando todos por ayudar a los demás. Que conste que no tiene ningún mérito esto que hago, te lo digo de corazón, porque yo no lo hago por ellos lo hago por mí, es que yo soy muy feliz cuando soy útil porque soy inútil por naturaleza, entonces, cuando tú haces algo y repercute en que otro mejore su nivel de vida es que es una especie de orgasmo intelectual.

Entrevista publicada en el número 5 de KANE 3 (febrero 2006)

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