Ni experimento sociológico ni leches; uno de los vértices del morbo por el que millones de espectadores se han enganchado a la telerrealidad reside en el sexo. Si encierras varias ratas durante un tiempo en condiciones de cierta salubridad acabarán apareándose, menudas son ellas; "pues lo mismo con concursantes desinhibidos", pensarían los creativos de Gran Hermano.
Por Pepe Colubi
Buscando el lascivo interés de la población cañí, Tele 5 incluyó en uno de los resúmenes de aquella lejana primera edición del programa una furtiva teta de la concursante Vanessa, pero tamaños atrevimientos finalizaron en cuanto la cadena comprobó que el personal seguía el culebrón de igual manera sin explícitas obscenidades. De las ediciones foráneas de GH llegaban noticias de participantes que se desnudaban sin motivo y fornicaban con alegría, pero nuestros concursantes, hombretones con pelos en la huevada y mujeronas desarrolladas, parecían vivir un campamento de verano para adolescentes con picores primerizos. ¿Qué habría pasado si la audiencia no hubiera respondido de forma apabullante? La respuesta a ese enigma la obtuvimos años más tarde en La granja, reality con famosetes venidos a menos en el que un pinchadiscos rijoso y una miss lúbrica se entregaron a un desenfrenado follaje (muy propio tratándose de una granja). La noticia no era que dos concursantes se abandonaran a los placeres de la carne prieta, sino que el desahogo fuera mostrado en toda plenitud (cosa que se hizo con la intención de aumentar la discreta audiencia del programa).
En cada edición de GH, invariablemente, la dirección agasaja a los participantes con periódicas fiestas en las que el alcohol precipita enfrentamientos, lloreras, reconciliaciones y, cómo no, apareamientos desenfrenados. ¿Cuántas imágenes procaces, lujuriosas, impúdicas y licenciosas han sido después censuradas por los editores de esos programas? Muchos esperamos ansiosamente que el gobierno desclasifique los totales de GH para tener acceso a los desmanes de cada edición. De momento, y para saciar el hambre de sexo de una audiencia sicalíptica, el concurso ha añadido el término "edredoning" al exiguo diccionario Gran Hermano-Español (léxico propio que incluye los vocablos "confesionario", "nominación", "expulsión" o "todo-se-magnifica-dentro-de-la-casa"). El edredoning toma su nombre de la prenda de cama que cubre y tapa a los concursantes mientras se tocan y magrean superficial o profundamente. Esas imágenes de edredoning siempre consisten en una secuencia granulada en gris y negro (al estar a oscuras se graba con una cámara de infrarrojos) en la que se adivina, malamente, dos bultos epilépticos bajo un cobertor relleno de plumas. Parece suficiente para un país capaz de convertir las películas codificadas de Canal Plus en seria opción pornográfica.
Pero los tiempos están cambiando. Gran Hermano resiste año tras año (y, vistas las audiencias, los que nos quedan) con esos recatados resúmenes que ni enseñan ni sugieren, pero una nueva generación de realities busca sus habichuelas a toda costa. Los concursos de telerrealidad con famosos (celebrealities) están de capa caída tras el fracaso de GH VIP, La granja o La isla de los famosos (aunque el último Supervivientes ha revivido en Tele 5), así que son los concursantes anónimos los que vienen dispuestos a lo que sea con tal de no trabajar.
Este pasado verano, Antena 3 emitió Libertad vigilada, reality protagonizado por un grupo de adolescentes salidos como ratas y rodeados de alcohol en un hotelazo de playa. El primer día ya pudimos ver pimpollos en pelota moviendo sus colganderos a ritmo de badajo y lozanas jamelgas con intención voluptuosa. Se trata, sin duda, de un gran paso para la humanidad.
Columna publicada en el número 11 de KANE 3 (septiembre - octubre 2006)
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