Los misterios de Laura: Una comedia sin aliñar - television | Kane 3

Los misterios de Laura: Una comedia sin aliñar

Hasta no hace mucho, la temporada veraniega servía de plataforma para lanzar nuevas ficciones y formatos con vistas al otoño. Sin embargo, de un tiempo a esta parte cualquier mes es bueno si de lo que se trata es de arañar unas décimas a la reñida y fragmentada audiencia. La veloz consolidación de los canales temáticos (o TDT), líderes en el ranking mensual de canales desde el pasado abril, entre las preferencias del codiciado mando, tiene mucho que ver. El verano está claro que computa como cualquier otro tramo del año. Y las cadenas hacen sus apuestas. Los misterios de Laura es el envite de La1 para ocupar el primetime de los lunes, vacante tras la finalización de la segunda entrega de La Señora (18,5% de media).


Nuria Dufour

Un 18,6% de cuota de pantalla y casi dos millones setecientos mil espectadores han respaldado el estreno, colocando la ficción de La1 por delante de la reposición de C.S.I. en TL5 (16,9%) y del peliculón de A3 (12,5%), sus dos grandes rivales. La nueva serie de TVE, "amable, de sonrisa blanca y muy limpia", según sus responsables, da un respiro a la cadena, después del reciente batacazo de UCO.


La Jessica Fletcher o la Colombo española se llama Laura Lebrel (María Pujalte) y es tan inocentemente sagaz, aparentemente desorganizada y artificiosamente descuidada como sus colegas americanos (lleva una gabardina de la que casi no se desprende durante todo el episodio y unas faldas que seguro no crearán tendencia). Pero entre ésta y las mencionadas han pasado muchos años (Se ha escrito un crimen se estrenó en 1984 y Colombo, en 1968). Pretender que ahora tengan vigencia los modos y conclusiones que empleaban aquellos avispados detectives en la resolución de casos similares es cuando menos anacrónico.

Los tiempos han cambiado, las técnicas también, y esta peculiar inspectora de policía del siglo XXI, que, como novedad, debe conciliar trabajo, hijos (gemelos de 5 años hiperactivos) y ex marido, además de no perderse el capítulo de Desheredada, su culebrón favorito, basa sus investigaciones en idénticas fórmulas y los dictámenes en calcadas deducciones.

"Las interpretaciones fluidas del bloque protagonista evitan que las secuencias más rocambolescas caigan en lo grotesco. No ocurre lo mismo con las de los episódicos del primer capítulo".

El guión se tambalea en torno a dos historias: la episódica, autoconclusiva, y la de continuidad, que esboza, en el primer episodio, las características de los personajes que acompañarán a la voluntariosa protagonista. El desarrollo de la trama que da título al capítulo, sigue una resolución monótona, sin espacio para la sorpresa, aunque el guión busque, a base de giros tramposos, esa dosis de intriga, suspense y misterio tan propia en este tipo de ficciones. Incluso los momentos, intencionadamente graciosos, tres, colocados estratégicamente a lo largo de su desmedido metraje (82 minutos, publicidad aparte), provocan rubor en lugar del deliberado chiste. Sirva de ejemplo el prólogo, presentación de la serie y del personaje principal, (las otras dos situaciones, también protagonizados por la detective Lebrel, mejor no recordarlas):

Laura, primer plano, rictus profesional, exige recuperar su "fiambre" (texto: "¿Dónde está el fiambre?"). Su interlocutor, primer plano, rictus nervioso, reitera, tras varios cruces de acusaciones anodinas, que el "fiambre" no está allí (texto: "El fiambre era su responsabilidad, si ha desaparecido es cosa suya"). Una impostada tensión, en la que hasta los actores están a punto de soltar la carcajada. La cámara entonces abre plano para descubrir que nos encontramos en una carnicería, con una figuración que parece de cera, y que el reiterado "fiambre" es simple embutido y no lo que habíamos sospechado que era.

Jugar con el equívoco a base de situaciones narrativamente infantiles y engañosas evidencia la pobre calidad dramática del producto. A ello se añade todo un muestrario de actuaciones obvias por parte de los implicados y una sucesión de deducciones insustanciales a cargo de la protagonista, cuyos modos a la hora de interrogar o buscar pruebas aburren hasta el espectador más entregado. También hay un excesivo abuso referencial a las novelas detectivescas, como tratando de acreditar las primeras pesquisas. Interrogatorios vanos y pistas falsas desembocan en el acto final, en el que la detective repasa en alto, en el lugar del crimen, los detalles a los que ha llegado, gracias a una oportuna travesura de sus gemelos, y desenmascara, ante la sorpresa de todos, compañeros incluidos, al asesino que no es, claro está, ninguno de los sospechosos. Pero eso ya lo sabíamos desde antes incluso de que se cometiera el asesinato.

Los personajes principales son estereotipos televisivos, personalidades sin aristas ni recovecos, definidos con rasgos tan poco interesantes como manidos. En el polo positivo, los hombres: Jacobo (Fernando Guillén Cuervo), el ex marido, un simpático irresponsable, Martín (Oriol Tarrasón), el compañero de fatigas, un jeta mujeriego con mucha gracia, y Cuevas (César Camino), el ingenuo entrañable de cualquier serie. En el negativo, ellas, mujeres de impulsos marujiles delimitadas por clichés extemporáneos: Maite (Eva Santolaria), la vecina excéntrica, eterna aspirante a actriz, Victoria (Elena Irureta), la vecina cotilla, con la líbido disparada, y Lydia (Laura Pamplona), la antagonista, una policía fría con aires de femme fatale y pinta de carcelera, capaz de lo que sea por conseguir las atenciones del seductor Jacobo.

Los episódicos siguen idéntica estela. Los comportamientos de ellos llevan un subtexto amable que justifica sus actos. Las reacciones de ellas, se demonizan desde el instante mismo en que entran en juego. Y el triángulo sexual, apenas sugerido, dejará como siempre a las féminas en evidencia, favoreciendo el elemento masculino, en este caso jefe de ambas, ex marido de una (Laura) y ex amante de la otra (Lydia).

"Jugar con el equívoco a base de situaciones narrativamente infantiles y engañosas evidencia la pobre calidad dramática del producto".


La factura está cuidada (Ida y Vuelta, responsable de las recientes La chica de ayer o Acusados, firma el producto). El ritmo es lento, consecuencia seguro de su dilatada duración. Las interpretaciones fluidas del bloque protagonista evitan que las secuencias más rocambolescas caigan en lo grotesco. No ocurre lo mismo con las de los episódicos del primer capítulo. Y el contenido anticuado del guión, el lastre de la serie, no pronostica precisamente argumentos interesantes en próximas entregas, más allá de las diabluras de los gemelos, el crimen que toque y los pintorescos razonamientos que despliegue, entre ollas y sartenes, la nueva inquilina de La1.

"Esto más que una comisaría parece un vodevil", observa uno de los personajes. Pues eso.

NOTA: Otra producción detectivesca en tono de comedia, Hermanos y detectives, retirada de antena el pasado enero por los datos a la baja registrados durante la emisión de los 7 capítulos de la segunda temporada (cuota de pantalla media del 15%), vuelve a la parrilla de los martes de TL5 (22.00h) con el objetivo de recuperar el buen resultado (20,3%) obtenido en la primera etapa (sept-nov 2007).

31/07/2009

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