
El miércoles 19 de diciembre Tele 5 iniciaba la emisión de una nueva tanda de episodios (13) de Los Serrano, una de sus producciones decanas, que había cerrado temporada (la sexta) el 3 de julio pasado con la repentina muerte de su protagonista (Belén Rueda) y la llegada de dos nuevos personajes femeninos al claustrofóbico clan familiar (Jaydy Michel y Natalia Verbeke), para animar la soledad del tosco viudo cantinero (Antonio Resines), padre de familia numerosa y variopinta (aunque la mitad hayan desaparecido). Precisamente uno de los capítulos de aquella etapa llevaba por título Dos mujeres y un Serrano. Sobran los comentarios. Fueron 26 episodios, que a lo largo de seis meses congregaron a una media de algo más de 4 millones de espectadores, con una cuota de pantalla del 24%. Curioso paladar el nuestro.
Por Nuria Dufour

El regreso de la producción de TL5 (ocupa en la noche de los miércoles el espacio dejado por otro hito de la cadena, Hospital Central) no defraudó y su reencuentro con la audiencia resultó inmejorable (23,4% y 4.098.000 espectadores), a tenor de las escasas cifras alcanzadas en 2007 por las nuevas ficciones de todas las cadenas, donde sólo 1 de los 16 estrenos (El internado, Antena 3) ha logrado superar la media del 21% de cuota de pantalla, pero ninguno ha rebasado la barrera de los 4 millones de espectadores (actual pauta del éxito en mayúscula).
Aunque mucho ha cambiado el panorama audiovisual en los últimos años, algo similar, en cuanto a tropiezos televisivos, ocurrió en 2003, año del lanzamiento de Los Serrano, que, junto al bombazo inesperado de Aquí no hay quien viva en A3, se reveló como serie estrella, rematando temporada con un 36% de cuota de pantalla y casi 5 millones de espectadores (números imposibles en estos momentos). Era martes, 22 de abril, y TL5 añadía a su larga lista de ficciones (Hospital Central, Siete vidas, El comisario, Javier ya no vive solo y la fallida Una nueva vida) otra comedia blanca de supuesto corte familiar (sello Globomedia) al tiempo que A3 contraprogramaba con El Pantano (BocaBoca), una serie que vivió la cruz de la moneda, siendo retirada de la parrilla cuando apenas había arrancado, en un año gris para la ficción patria (TVE patinaba con La vida de Rita, cubría expediente con Paraíso y alcanzaba cuotas del 40% con Ana y los 7 y Cuéntame cómo pasó).
"Enredos dispersos, intrigas inexistentes, desarrolladas en secuencias larguísimas, que se adivinan desde el planteamiento, y conflictos que ni se esbozan en episodios vertebrados en tres tramas, donde se subraya una y otra vez el juego de las dobles intenciones"

Pero aunque el éxito a veces no pueda explicarse, no es, sin duda, sinónimo de estética y calidad dramática (véase el caso de Escenas de matrimonio). 127 episodios hasta la fecha de Los Serrano figuran ya entre los programas más popularmente seguidos de nuestra televisión (algo significará, comentaba -¿con orgullo o con sorna?- recientemente Alberto Carullo, director de antena de TL5) y de la de fuera (existen Serranos italianos, checos y portugueses). Más de un centenar de personajes, protagonistas, episódicos, algunos de ellos convertidos en figuras mediáticas que supieron retirarse a tiempo (Fran Perea y Verónica Sánchez, la pareja post-adolescente sobre la que giraba la machacona tensión sexual no resuelta de las primeras temporadas) y cameos, como reclamo publicitario (en el último episodio el grupo musical Camela, en episodios anteriores desde Risto Mejide, el jurado estrella de Operación Triunfo, hasta Ana Rosa Quintana o Ramoncín), han sido parte de argumentos irracionales, avanzados a lo largo de tramas infinitas y redundantes, atributos de una serie definida por sus responsables -el mismo equipo de la longeva Periodistas (1998-2002)-, como una comedia de barrio con olor a panceta (a moho diría yo).
Aunque el tiempo es evidente que desgasta, si una serie se articula siguiendo un tratamiento creativo coherente, crece con carácter. Y ésta es una de las rémoras de las que en mi opinión la ficción de TL5 adolece. Enredos dispersos, intrigas inexistentes, desarrolladas en secuencias larguísimas, que se adivinan desde el planteamiento, y conflictos que ni se esbozan en episodios vertebrados en tres tramas, donde se subraya una y otra vez el juego de las dobles intenciones con unos diálogos tan imposibles ("Las mujeres no vienen a buscarte a tu casa, hay que currárselo" o "No le llega la corriente al taladro") como ordinarios.

La pretendida comedia familiar, situada en el imaginario barrio obrero de Santa Justa, lleva amplificando los mismos temas desde que empezó, sin dar tregua a la progresión de unas historias que se difuminan en sus propios planteamientos. Lo trágico es que a pesar de la diferencia generacional entre padres e hijos y de la lógica evolución de la sociedad, los problemas que les oprimen sigan siendo los mismos y por separado. Ellos, los varones (grandes, medianos y pequeños), comparten con sus progenitores el lastre de un machismo genético, patéticamente presente en cada uno de los episodios, y reaccionan, todos, de manera elemental a situaciones cuando menos irritantes, como si ninguno hubiese visto a una mujer en años. Ellas, las hembras (grandes, medianas y pequeñas), se dibujan como seres desdeñosamente astutos, carentes de sensibilidad que saben mover los hilos como mejor les conviene para lograr unos objetivos nada inocentes. Es una pena que Julia Gutiérrez Caba (Carmen, la abuela), esté desaprovechada y su personaje al margen de esa familia tan ofensivamente ibérica.
"Lo trágico es que a pesar de la diferencia generacional entre padres e hijos y de la lógica evolución de la sociedad, los problemas que les oprimen sigan siendo los mismos y por separado"

A pesar de su abultada audiencia, todavía no he encontrado el estilo Serrano del que con tanta satisfacción presumen sus protagonistas y sigue su legión de adictos (no confundir con adeptos), ni comprendo que de su análisis por edades, clases sociales y ámbitos (en Madrid un asombroso 31,1% de media en lo que va de temporada) sea uno de los espacios televisivos más vistos. Una incógnita como tantas que plantean otras mayorías.
10/01/2008
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