Puppets who Kill: Puppets Having Sex - television | Kane 3

Puppets who Kill: Puppets Having Sex

Las series con marionetas que hablan o practican sexo no son lamentablemente, un género muy prolífico en televisión.

Por Nacho Cabana

Unhappily Ever After
Unhappily Ever After

Unhappily Ever After fue una sitcom que incorporaba entre sus personajes secundarios a un conejo de trapo. Mr. Floppy funcionaba como álter ego de Jack, el (humano) protagonista, vivía en el sótano de la casa familiar, decía lo que le venía en gana como le venía en gana, se había casado seis veces y estaba obsesionado con Drew Barrymore. Mr. Floppy tenía la función de coro griego, aparecía predominantemente en el epílogo y sólo podía verlo Jack, lo que impedía (lo que sí ocurría en Alf, otra serie con marioneta dentro aunque bastante más blanca) una participación activa en las tramas y una interacción horizontal con las humanos, lo que sí ocurre en Puppets Who Kill.

El 4 de octubre de 2002, The Comedy Network una cadena de cable canadiense especializada en series de humor, emitía el episodio piloto de una producción propia que se convertiría en la primera serie que ha llevado el sexo entre peluches y humanos a los hogares de sus abonados. Puppets Who Kill cuenta la historia de Dan (Dan Redican) un trabajador social que acoge en su casa a cuatro marionetas muy peligrosas a las que ha de rehabilitar y reintegrar en la sociedad.

Por supuesto, capítulo tras capítulo, fracasa.

Cuddles (literalmente Abrazos) es un muñeco de esos que dan a los niños enfermos en los hospitales para reconfortarles y aliviar su enfermedad. Diseñado por un equipo de psicólogos, Cuddles se hartó de escuchar los problemas de los demás, agarró su rifle y se puso a disparar a todo aquel que pasaba por la calle.

Bill, es un muñeco de ventrílocuo (algún día se hará justicia a este subgénero del cine de terror) con un look años veinte. Ha matado a 58 de los humanos que le manejaban y siempre se las ha arreglado para que parezca un accidente.

Buttoms es un oso de peluche parecido al popular Teddy Bear, al que le han sustituido un ojo por un botón. Diseñado por expertos en marketing de una multinacional, como mascota encantadora, carece de moral, sólo piensa en el sexo y, probablemente debido a motivos exclusivamente anamórficos, es experto en sexo oral.

Finalmente, Rocko es un perro que trabajaba en un show televisivo infantil hasta que la cadena lo cerró. Fumador incansable, es probablemente el personaje menos conseguido y su rol en la serie es el de intrigar en la sombra y meter en líos a los demás.

El gran acierto de Puppets Who Kill es que los muñecos interaccionan con los humanos sin distinción de especie. Las localizaciones y los decorados son realistas y ningún humano se extraña o sorprende de encontrarse con un peluche que habla, fuma, bebe o fornica. Un personaje recurrente es la asistente social encargada por el ayuntamiento de supervisar la casa de acogida. Una mujer atractiva, bien entrada en los 30, a la que Buttoms practica regularmente sexo oral para mantener la libertad que gozan con Dan, amén de conseguir que les regale bienes de consumo (una antena parabólica, una televisión, etc.) En el episodio ‘Cuddles Gets Laid’, Dan encarga a Buttoms que "convierta en un hombre" a Cuddles. El oso de peluche convence a la asistente social de que se meta en la cama con el muñeco para niños enfermos. La cosa resulta tan bien que el adorable Cuddles se convierte en un adicto al sexo. Dan tendrá que rescatarle de un club sadomasoquista.

En ‘Bill´s Brain’, Buttoms se tira a una enfermera mientras a Bill, el muñeco de ventrílocuo, le practican una lobotomía.

Los muñecos de Puppets Who Kill no son para nada sofisticados. Están hechos realmente (con la excepción del muñeco de ventrílocuo) de peluche aunque eso limite considerablemente su expresividad. Los decorados en los que se graba no tienen, como ocurría en The Muppet Show, el suelo levantado más de un metro para permitir que los marionetistas trabajen debajo con comodidad. Aquí, el encargado de cada muñeco (y cada personaje tiene uno en exclusiva) mueven a sus criaturas tirados en el suelo, escondidos debajo de una mesa o tumbados en camillas con ruedas.

De estética puramente sitcom (aunque lógicamente no hay público en plató) grabada en video y con muy pocos exteriores, Puppets Who Kill funciona mejor cuanto más real es el mundo humano en el que tienen que interaccionar los muñecos. Cuando los guionistas exageran los personajes humanos y sus conductas para provocar el gag, la serie cae en la parodia o directamente en la astracanada, y los puntos de giro de las historias aparecen como excesivamente forzados.

"El gran acierto de Puppets Who Kill es que los muñecos interaccionan con los humanos sin distinción de especie (...) ningún humano se extraña o sorprende de encontrarse con un peluche que habla, fuma, bebe o fornica"

Algo que no ocurre en Avenue Q, uno de los grandes éxitos de Broadway de los últimos años. En este musical, los muñecos (tan en la línea de los creados por Jim Henson para Sesame St. que han tenido que incluir en el programa de mano una nota aclaratoria de que nada tienen que ver unos con otros) viven junto a los humanos en una barriada del Lower East side neoyorquino. Y tienen sus mismos problemas. Hay un gay que no sabe que lo es, un homólogo al monstruo de las galletas adicto al porno por Internet ("Internet is for porn" es uno de sus números musicales más aplaudidos) y una dulce chica que tras un romántico paseo a la luz de la luna descubre a su prometido los placeres de introducir un dedo en cierta parte del cuerpo habitualmente destinada a otros menesteres.

Avenue Q es la culminación del sueño de Rick Lyon, que trabajó para Henson en Sesame St. y El oso de la casa azul y dio vida a los alienígenas de Men in Black. Ha diseñado todos los puppets que aparecen en el musical.

Puppest Who Kill es obra de John Patterson y Shawn Alex Thompson. El primero es un comediante, marionetista y escritor que trabajó con Jim Henson en Fraggle Rock, fue uno de los encargados de dar vida a La novia de Chucky y produjo e interpretó por todo Canadá un one-man-show en el que luego se basaría su exitosa serie televisiva. Shawn por su parte, fue uno de los actores que aparecían en Hairspray, de John Waters.

Unhappily Ever After es obra de Ron Leavitt y Arthur Silver, creadores y productores ejecutivos de Married With Children.

Las tres series han sido éxitos de público y de crítica. Unhappily Ever After duró cinco temporadas (de 1995 a 1999) y se produjeron 100 episodios; el último: ‘La muerte de Floppy’. La serie canadiense lleva ya cuatro temporadas en antena, 53 episodios emitidos y 14 nominaciones a los premios Gemini (los Emmy canadienses); el musical de Broadway ganó tres de los seis premios Tony para los que fue nominado en 2004 y sigue en cartel en Nueva York, Las Vegas y Londres.

Artículo publicado en el número 11 de KANE 3 (septiembre - octubre 2006)

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