
Es raro que un debate político de la envergadura de los que han mantenido José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy se gane con claridad en el propio terreno de la contienda dialéctica; normalmente, la clave está, como ocurre casi siempre en el mundo de la comunicación política, en el metalenguaje: el debate sobre el debate. Por eso no conviene precipitarse en dar un vencedor en el minuto 1 tras el final del intercambio entre los dos líderes, ya que el verdadero vencedor sólo se conoce al día siguiente, una vez que se ha producido la decantación de todos los ríos de palabras y opiniones producidas por el propio debate. Así ocurrió con el debate del lunes 25 de febrero, del que sólo 24 horas más tarde pudo decirse con seguridad que ganó el Presidente Zapatero.
Por Enrique Pérez Romero
La clave, como decimos, se encuentra en el metalenguaje. Entre todos los matices que dan lugar a ese debate en torno al debate, el primero que favorece a Zapatero -y que utilizó como argumento en un momento del mismo- es que en España sólo hay debates en televisión cuando gobierna el PSOE; algo que, objetivamente, es cierto. En segundo lugar, la presencia escénica del presidente del Gobierno fue muy superior a la de Rajoy: logró un mejor equilibrio en las formas, entre una contundencia muy bien calculada y su habitual talante conciliador, que logró poner nervioso al candidato popular en un par de ocasiones, mientras que Mariano Rajoy estuvo excesivamente agresivo en los modos, no logrando imponer la sensación de que con él en el Gobierno vayan a ser más fáciles las fórmulas de convivencia.

En tercer lugar, hubo mayor coherencia entre la precampaña de Zapatero con su intervención en el debate que en el otro lado; como decíamos a propósito del debate Solbes-Pizarro, Rajoy estaba coqueteando en las últimas semanas con el peligroso juego -por imposible- de querer parecer más moderado que Zapatero, de modo que tuvo que caer el día 25 en la incoherencia, al demostrarse mucho más irritado e insultante que el Presidente del Gobierno; y caer en la incoherencia siempre es más grave para quien enarbola la bandera de la coherencia. En cuarto lugar, la imagen, núcleo esencial del lenguaje de la televisión, favoreció también al Presidente, aunque en este ámbito ya saben los asesores del PP que la batalla está perdida prácticamente de antemano; Rajoy jugó en los planos de escucha al gesto del desprecio, la displicencia o la sonrisa irónica, mientras que Zapatero optó por la mirada intensa, la escucha activa y una gestualidad más controlada, lo que ayudó a la sensación -en muchas fases del debate- de que Rajoy se encontraba tan o más a la defensiva que Zapatero; tampoco favoreció nada al candidato del PP que en los planos de discurso activo se le viera más encorsetado respecto al texto preparado, más lector y menos directo.
Otra cosa son los discursos, en los que probablemente cada uno tenga la sensación de que ha ganado su propio candidato. Esa idea del forofismo político, unida a la victoria telegénica del Presidente del Gobierno, es lo que se encuentra tras los datos de las encuestas más importantes realizadas tras el debate. En todas se dio por ganador a Zapatero. La realizada por el Instituto Opina para Cuatro y la Cadena Ser plantea una diferencia de 12 puntos (45,4% frente a 33,4%); la que realizó el Instituto Invymark para el Diario Público y La Sexta ofrece una distancia de 15,6 puntos (45,7% frente a 30,1%); la que ha publicado elpais.com, realizada por Metroscopia, arroja 4 puntos de margen (46% frente a 42%); finalmente, la que encargó Antena 3TV a TNS Demoscopia muestra una diferencia de 6,1 puntos (45,4% frente a 39,3%). Los resultados pueden parecer muy distantes entre sí pero tienen un dato de interesante y casi aplastante coincidencia; todas ellas muestran en torno a un 45% de apoyo a Zapatero, lo que supondría casi 6 de los 13 millones de espectadores que tuvo el debate (superando en audiencia a los González-Aznar, y convirtiéndose en la cuarta emisión televisiva más vista de la Historia). Frente a ese dato, resulta sorprendente la gran oscilación de los que opinan que ganó Rajoy, ya que varía desde el 30,1% hasta el 42%, lo que supone una diferencia de entre 4 y 5,5 millones de espectadores.
Hubo algo muy interesante en casi todas las manifestaciones posteriores al debate, y muy especialmente en el programa especial de 59 segundos (TVE). Mientras que la prensa afín al centro-derecha y la derecha no realizó ni una sola crítica a Mariano Rajoy, los medios más afines a la izquierda y al centro-izquierda sí que realizaron matices más o menos profundos al discurso de Zapatero. El asunto no es banal: merece una reflexión sobre la debilidad de un candidato que necesita un apoyo acrítico, sin fisuras y casi irreflexivo y que, a pesar de tenerlo, no despega en la encuestas frente a un Zapatero con menos apoyos mediáticos, y además muy condicionados y especialmente críticos durante el último año.
"Otra cosa son los discursos, en los que probablemente cada uno tenga la sensación de que ha ganado su propio candidato. Esa idea del forofismo político, unida a la victoria telegénica del Presidente del Gobierno, es lo que se encuentra tras los datos de las encuestas más importantes realizadas tras el debate. En todas se dio por ganador a Zapatero"

No merece demasiado la pena detenerse en el análisis de las audiencias, puesto que parecía evidente que TVE se llevaría el gato al agua, como así fue con más de 8 millones de espectadores, respecto a los 13 totales del programa. Simplemente señalar que no deja de ser curioso, y muy significativo de los hábitos de consumo televisivo en España, que después de 20 años de experiencia en pluralidad informativa y, teniendo en cuenta que el debate lo emitían también dos canales de ámbito nacional como Cuatro y La Sexta, Televisión Española concitara más del 60% del total de audiencia, lo que significa que mantiene -como digo, 20 años después- la imagen de canal institucional.
De la realización apenas si podemos analizar nada, e incluso ni siquiera estoy seguro de que debamos. Estaba tan mediatizada por los acuerdos políticos, tan predeterminada por las condiciones que ambos candidatos se habían impuesto, que había escaso margen para la creatividad. Pero sí es necesario destacar la seriedad de un grupo de profesionales que han sabido montar todo el entramado técnico necesario para este tipo de eventos en un tiempo record y bajo una presión descomunal; eso demuestra que España es un país moderno y avanzado, con excelentes profesionales en los más diversos ámbitos y, concretamente, en uno de los que determinan la actual sociedad de la información y del conocimiento: la comunicación audiovisual. Y esto también forma parte del metalenguaje, porque encaja más en el discurso de Zapatero, más optimista y confiado en el futuro del país, que en el de Rajoy, más derrotista y augur de las más diversas desgracias.
En el fondo, uno de los resúmenes más eficaces del propio debate, del posdebate y, como hemos venido diciendo, del metadebate, lo proporcionó el propio Zapatero, al contradecir el lema de Rajoy: "Usted no le ha dado cuerda al reloj y el reloj se ha parado", refiriéndose a la actividad económica del país; el Presidente le respondió que ahora a los relojes no hay que darles cuerda, sino ponerles pilas como -según él- ha hecho el Gobierno. El lenguaje es importante. Del "ponerse las pilas" de Zapatero al relato sobre la ya mítica "niña de Rajoy" hay, en el fondo, dos concepciones de España diferentes. Una quizá más parecida al S. XXI y otra más cercana a siglos pasados. Y esa clara dicotomía discursiva fue un gran éxito del primer debate, aunque muchos hayan querido minimizarlo: quedaron claras dos formas muy diferentes de ver España.
29/02/2008
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