Todo el mundo odia a Chris: La infancia del cómico - television | Kane 3

Todo el mundo odia a Chris: La infancia del cómico

Estamos en el año 1982. Chris (Tyler James Williams) es un chico de 13 años de raza negra que afronta con grandes expectativas la entrada en la adolescencia. Lástima que un giro inesperado vaya a convertir su vida cotidiana en algo mucho más desagradable de lo que jamás pudo llegar a pensar. Recién mudado a un nuevo vecindario en Brooklyn, Chris sufrirá la desafortunada decisión de su estricta madre Rochelle (Tichina Arnold) de inscribirlo en una escuela situada a kilómetros de distancia. La única forma de llegar a ella será tomar dos autobuses y pasar del barrio negro a la zona blanca de la ciudad, para, finalmente, descubrir... que él es el único alumno de su raza en todo el colegio. Y es que, obsesionada con que el chico reciba la mejor educación posible, la madre de Chris ha tenido la ocurrencia de que éste estudie en una escuela frecuentada casi exclusivamente por italianos. No obstante, ¿qué cabía esperar de un centro cuyo nombre es nada menos que Corleone Junior High? Como es lógico, Chris se convertirá de inmediato en el blanco perfecto para los matones del colegio, si bien su tesón, agudo ingenio y fulminante sentido del humor le brindarán cierta protección, así como la oportunidad de encontrar algún que otro espíritu afín, como Greg (Vincent Martella), otro chico espabilado cuyo habilidad no es precisamente la de defenderse usando la fuerza (de hecho, resulta un experto en salir corriendo cada vez que Chris se mete en líos).

Por Antonio Trashorras

Basada en la infancia del célebre y verborreico stand up comedian Chris Rock (aunque en la serie nunca se llega a especificar el apellido de la familia), a medio camino (indeterminado) entre la ficción y la autobiografía, Todo el mundo odia a Chris (título que evoca irónicamente a la sitcom Everybody Loves Raymond) fue, de manera imprevista y pese a ser emitida en la pequeña cadena UPN, una de las grandes revelaciones del panorama televisivo de la temporada pasada en Estados Unidos. De hecho, su primer capítulo se convirtió el pasado septiembre en el estreno más visto de dicho canal en sus 10 años de historia al lograr convocar a más de siete millones de espectadores ante el televisor. El resto de la temporada ha continuado obteniendo unos números envidiables, siempre por encima de los seis millones de televidentes a la semana.

Hay quien cree que buena parte de tan espectaculares resultados se han debido a la decisión de la UPN de probar con esta serie una novedosa táctica promocional consistente en emitir de forma gratuita su primer capítulo en Internet, a través del visitadísimo Google Video. Pese a lo difícil que resulta definir exactamente la verdadera influencia de tal estrategia en las cifras de audiencia lo cierto es que la otra serie con que se ha probado este año, concretamente Supernatural, cuyo piloto fue emitido en la Red por Yahoo gracias a un acuerdo con el canal WB, también se ha convertido en una de las series con mejores resultados de la temporada.

Como si de un Aquellos maravillosos años (o un Cuéntame) no aquejado de irreparable ñoñería se tratase, la serie cuenta (en su versión original, claro) con la inconfundible voz del cómico puntuando, a base de torrenciales comentarios en off, cada uno de los acontecimientos de su vida pasada. Quienes conozcan la labor de Rock como monologuista (quien, por si hiciera falta decirlo, co-produce la serie) percibirán su personalidad tanto en la particular mirada a la cual recurre desde el presente para interpretar los momentos más chocantes, divertidos o patéticos de su pasado, como, sobre todo, en el rítmico y contundente estilo de su discurso.

Pese a las ocasionales incursiones en ciertas experiencias relacionadas con el racismo, lo principal de Todo el mundo odia a Chris es, sin duda, la sencillez con la que aborda cantidad de paradojas y temas universales que afectan a todas las familias, independientemente de su ubicación y circunstancias. Diseñada como un perfecto artefacto cómico para el lucimiento de Rock como humorista verbal (y pronto también como director, ya que durante la segunda temporada probará suerte tras la cámara) y del magnífico actor infantil Tyler Williams como aspirante a nueva sensación infantil del entertainment americano, la serie, pese a su gran efectividad a la hora de provocar la risa, no deja de sorprender por la sinceridad y sutileza psicológica con que juega con los estereotipos generacionales, étnicos y sociales.

Una agradabilísima sorpresa, en suma, la de toparse, dentro de la avalancha de buenas series dramáticas y de aventuras surgidas últimamente, con una telecomedia que, al tiempo que resulta hilarante por momentos, sitúa su nivel de inteligencia varios escalones por encima del habitual en las sitcoms familiares (independientemente del color de sus pieles, claro).

Artículo publicado en el número 10 de KANE 3 (julio - agosto 2006)

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