El excelente momento que atraviesa la ficción televisiva norteamericana nos permite contar con una lista bastante amplia de series de calidad más que contrastada, a la hora de escoger un solo título para esta sección de actualidad. Sin embargo, pese a los numerosos títulos interesantes que vienen poblando las parrillas catódicas estadounidenses desde el inicio de siglo, lo cierto es que no son tantas las que en estas últimas temporadas han logrado trascender el status de mero producto audiovisual susceptible de obtener un mayor o menor seguimiento mayoritario, para convertirse en objetos de culto, fetiches narrativos capaces de despertar en sus espectadores una fidelidad y empatía más allá del puro entretenimiento. En resumidas cuentas, ese plus emotivo que, por ejemplo, convirtió el visionado de Buffy cazavampiros (y, claro está, su spin off, Angel) en algo más que una costumbre, incluso una adicción, para sus fans (independientemente de la franja generacional a la cual perteneciesen). Ese grado de experiencia vital inusualmente cercana, más allá del puro reconocimiento cualitativo, es el que durante los dos últimos años ha venido cosechando Veronica Mars, la única serie que, hoy por hoy, puede considerarse heredera legítima del espíritu insuflado por Joss Whedon en sus añoradas obras juveniles.
Por Antonio Trashorras
Fotografías cedidas por TVE

No obstante, conviene aclarar que, lejos de ser, o bien una pirueta mental del abajo firmante, o un artero gancho promocional de sus responsables de cara a captar al público adicto al whedonverso, huérfano desde la cancelación de dichas series, esta conexión Buffy- Veronica Mars cuenta con suficientes evidencias como para ser tomada en serio. Para empezar, fue el propio Whedon quien a las pocas semanas del estreno en Estados Unidos de esta serie detectivesca llamó la atención no sólo respecto a su parentesco conceptual con Buffy (protagonista juvenil femenina al margen de su entorno y con características que la convierten en especial, tanto en lo positivo como en lo negativo, diálogos chispeantes, solidez en las caracterizaciones de los personajes, profundidad en los temas tratados por debajo de unas tramas aparentemente de evasión), sino, sobre todo, de lo estimulante y divertido que resultaba su visionado. Fue como si el viejo maestro entregara con satisfacción el testigo de rey de las serie juveniles de género (en este caso, hard boiled en lugar de fantástico) a un nuevo gurú destinado a heredar toda aquella audiencia fiel deseosa de hallar, por fin, una experiencia televisiva que llenase el hueco dejado por Buffy-Angel. El nombre del creador, productor ejecutivo y principal guionista (es decir, lo que por allí conocen como show runner) de Verónica Mars es Rob Thomas, y se trata de un ex autor de novelas juveniles y guionista de series como Dawson crece cuya fijación por la adolescencia y los códigos genéricos, además de su interés por contar historias en las cuales lo principal es la maduración psicológica de sus personajes, lo convierten en un más que digno heredero catódico de Whedon, ahora que éste parece centrado en la gran pantalla.

¿Pero qué cuenta Veronica Mars? En la imaginaria localidad costera de Neptune, los ricos marcan las reglas, dominan las principales instituciones y tratan de que sus turbios secretos sigan ocultos. Desafortunadamente para ellos, Veronica Mars (Kristen Bell), una investigadora privada de apenas 17 años se dedica a desenterrar los misterios más incómodos de la comunidad. Ella solía ser una de las chicas más populares del instituto, hasta que una serie de trágicos incidentes alteraron por completo su hasta entonces apacible vida.
Todo empezó a desmoronarse cuando su mejor amiga Lilly es asesinada y su padre Keith Mars (Enrico Colantoni), el sheriff del pueblo, es apartado de su cargo, tras acusar al poderoso padre de la difunta de ser el autor del crimen. Tras no lograr demostrar la culpabilidad de éste, el escándalo le cuesta a Keith su trabajo, su hogar y su esposa, y Veronica sufrirá el inmediato rechazo por su hasta entonces selecto círculo de amigos.
A partir de entonces, la chica deberá afrontar su vida escolar desde la novedosa perspectiva del marginado, mientras que, durante las noches, ayuda a su padre, ahora detective privado, a resolver casos. Eso sí, paralelamente Verónica no dejará de buscar pruebas que limpien de una vez por todas el nombre de su padre, si bien, a cada paso que da en dichas investigaciones, encuentra inquietantes evidencias de que la solución al misterio de la muerte de su amiga podría destrozar los cimientos sociales del pueblo.

Como si de un delicioso cóctel se tratase, la serie ha sido descrita en términos porcentuales como 50% Buffy, 20% Nancy Drew (una célebre detective juvenil de la cultura popular norteamericana), 15% Sensación de vivir, y 15% Twin Peaks; es decir, una perfecta combinación de ingredientes populares y de culto, que, a diferencia de otras series recientes de calidad (como Wonderfalls o Freaks and Geeks) por suerte no ha sucumbido a las crueles reglas de la mercadotecnia, obteniendo índices de audiencia suficientes como para sobrevivir a su primera temporada, e incluso afrontar una segunda con bastantes esperanzas de crecimiento.

La prueba está en que invitados tan célebres como Lucy Lawless (Xena, la princesa guerrera), Steve Guttenberg (Loca Academia de Policía) o el cineasta Kevin Smith están encantados de aparecer en ella; eso por no hablar de que la conexión Buffy ha sido reforzada y hasta podríamos decir que canonizada mediante las apariciones estelares de Alyson Hanighan, Charisma Carpenter (las idolatradas Willow y Cordelia del whedonverso) y el mismísimo Joss Whedon, quien accedió a realizar un cameo en un capítulo de la segunda temporada. Eso sí es ceder la antorcha con estilo y lo demás son tonterías.
Artículo publicado en el número 7 de KANE 3 (abril 2006)
Enlaces relacionados¿Quieres recibir gratis nuestro boletín?
No te pierdas la programación de las principales emisoras de España
Ver la parrilla de radioCrítica, tráiler, sinopsis, intérpretes, ficha técnica ... CINE y DVD
Ver todas las películas