Y el dogma llegó a la comedia: La muerte de la sitcom (II) - television | Kane 3

Y el dogma llegó a la comedia: La muerte de la sitcom (II)

El mes pasado hablábamos de la transformación de la sitcom estadounidense en "one single camera show", esto es, comedias de 20 minutos, con planificación cinematográfica, sin público en directo y con bastantes exteriores. Me llamo Earl o Todo el mundo odia a Chris son buenos ejemplos de productos producidos por cadenas generalistas con criterios cercanos a los manejados desde hace años por las cadenas de cable. ¿Cuál ha sido el paso que ha dado principalmente la HBO para producir series de media hora diferentes a las emitidas por la televisión en abierto? La respuesta es tan compleja como apasionante: acercarse (probablemente sin intención) a las propuestas estéticas y narrativas del ya veterano movimiento Dogma 95.

Por Nacho Cabana

Lisa Kudrow en
Lisa Kudrow en "The Comeback"

Con antecedentes como The Office y El Show de Larry David, esta temporada EE.UU. y el e-mule han asistido al estreno de tres series que, amén de los criterios estéticos, comparten unidad temática: las tres versan sobre el propio medio audiovisual y la gente que trabaja en él, tanto en cine como en televisión. La más interesante y compleja de las tres es The Comeback (El regreso) de Michael Patrick King y Lisa Kudrow. Él es el hombre que asumió el mando en Sexo en Nueva York tras la marcha de Darren Star y ella la actriz que encarnaba a Phoebe en Friends. Lo que podría haber sido un vehículo de estrella se ha convertido en un auténtico ejercicio de metalenguaje televisivo.

Lisa Kudrow interpreta a Valerie, una actriz de 40 años que conoció la fama al final de los ochenta en una sitcom titulada Soy eso y que en la actualidad accede a que las cámaras de un reality show la graben continuamente en su casa y en el trabajo. La originalidad estriba en que lo que el espectador ve es algo así como una selección de los brutos de ese reality show, no el reality ya editado ni una serie tradicional en la que se incorpora el equipo del reality como un personaje más. Al principio del episodio piloto una leyenda sobre un código de barras lo advierte claramente The Comeback, raw footage.

Y la historia que cuenta no es la historia de Valerie y ese supuesto reality, sino lo que le ocurre a esa actriz cuando acepta un papel en una sitcom con la esperanza de volver a gozar del éxito pasado. Ella espera ser el eje sobre el que se vertebra la historia de varias mujeres que comparten piso. Cree que su personaje será central, divertido y sexy y se encuentra con que dos guionistas recién salidos de la facultad la rebajan hasta un rol secundario como amargada casera del edificio. Valerie irá vestida con un horrible chándal mientras sus inquilinas lucen escuetos bikinis. Y no tiene decorado propio, lo que en una sitcom puede resultar terrible.

La realización es sorprendentemente fiel a este concepto y a menudo asistimos a las reacciones que provoca en los diferentes personajes la presencia del equipo del reality show. Hay veces en que la presencia de éste provoca situaciones cómicas (sobre todo en las secuencias que se desarrollan en el hogar) y otras conflicto (sobre todo en el plató). De esta forma, secuencias claves de la trama están en off (el momento en el que Valerie consigue el papel) o son grabadas a escondidas (el momento en el que el director de la sitcom —un cameo del mítico James Burrows— pone a la ex estrella en su sitio). A menudo los personajes miran a cámara exigiendo que no les graben e incluso Valerie tiene en su casa un videconfesionario que les sirve a los guionistas para marcar el paso de un día a otro.

Toda esta estrategia narrativa resulta a veces excesivamente forzada. Sorprende a veces que los personajes acepten la presencia de las cámaras en situaciones en las que no tendrían por qué. Pero el principal defecto a mi entender de The Comeback es la acumulación. Esta estrategia del reality funcionaría mejor aplicada a cualquier otro universo laboral o personal, no al televisivo. Porque al final tenemos a un equipo de televisión que graba a otro equipo de televisión y eso resulta bastante extenuante. La serie fue cancelada en su quinto episodio.

Más dramática, exitosa y rica en cameos es también Unscripted (Sin guión) de George Clooney y Steve Soderbergh, su segundo trabajo para HBO tras el drama político K Street. "La verdad es que menos del cinco por ciento de los afiliados al sindicato de actores se llevan todo el dinero. Hay muchos actores que se levantan cada mañana y —descartado conseguir un trabajo— intentan conseguir un agente o una audición", dice Clooney. Unscripted se centra en este tipo de actores. Su peculiaridad es que (al menos nominalmente) no hay diálogos escritos y los actores improvisan su diálogos en las situaciones planteadas por los guionistas. Es decir, sí existe una escaleta, un mapa de tramas y un arco dramático en los personajes, pero los actores improvisan lo que dicen a partir de su propia experiencia. Al margen de lo estricto que este método acabe resultando ser, Unscripted funciona precisamente porque se supone que los actores han pasado por estas situaciones cientos de veces. Actores haciendo de ellos mismos buscándose la vida en Los Ángeles. El único intérprete con una trayectoria amplia es Frank Langella (Lolita, Drácula) que encarna a un profesor de teatro alrededor de cuya clase se vertebra la vida de los demás protagonistas.

A pesar de su estética dogma (no hay música, ni trípode, ni raccord). Unscripted se permite introducir flash forward de cómo se imaginan los personajes que será su futuro si aceptan o no una oferta. A Krista Allen le ofrecen en un episodio posar en un mini bikini y a continuación vemos un supuesto talk show futuro en el que ella, actriz ya consagrada, debe aguantar las bromas del presentador a costa de esas mismas fotos.

Para finalizar, Extras tiene una estética más tradicional (aunque prescinde de música y decorados) y cuenta las peripecias de Andy, un contable de banco que abandona su trabajo para trabajar como extra en películas y series con la esperanza de algún día convertirse en actor.

Cada episodio se desarrolla en un rodaje diferente y ofrece la posibilidad de ver éstos desde un punto de vista novedoso: el del figurante que intenta conseguir desesperadamente una línea de diálogo. Si bien las otras dos series comentadas en este artículo ofrecen suculentos cameos, Extras va más lejos en este terreno y confía personajes secundarios a grandes estrellas de Hollywood que se interpretan (con ironía) a sí mismos. En el rodaje al que acude el protagonista en el piloto, Kate Winslet da vida a una monja en un filme sobre el holocausto con la única idea de conseguir un oscar. En otro episodio, Ben Stiller se pone tras las cámaras para rodar un drama sobre la guerra de Bosnia basado en hechos reales y acaba echando del plató a la persona a la que le sucedió realmente toda la historia.

Producida (al igual que Roma) por HBO en coproducción con la BBC, Extras está rodada en Inglaterra e incorpora un humor negro muy británico.

Y un consejo final: eviten ver (cualquiera, pero especialmente estas) series dobladas. El aroma de documental que tienen se pierde totalmente al escuchar sus voces en castellano.

Artículo publicado en el número 8 de KANE 3 (mayo 2006)

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