
Si finalmente el próximo domingo 9 de marzo Mariano Rajoy pierde las elecciones de manera clara y se llega a la conclusión de que los debates han podido tener algo que ver, no sólo él debería dejar el lugar a alguien del PP más capacitado, sino que todo su equipo de asesores debería desaparecer en bloque. Porque, a propósito del debate de este lunes 3 de marzo, ¿Cómo puede reproducirse tal contumacia en el error? ¿Por cuántos ojos pasó el discurso final de Rajoy con esa alusión a "la niña" que había supuesto mofa durante toda la semana anterior? ¿Cómo es posible que nadie le dijera de antemano que ni se le ocurriese mencionar la Guerra de Irak? ¿A quién puede ocurrírsele hablar de un artículo del Financial Times como argumento a favor, cuando en ese mismo periódico y ese mismo día se afirma que la derecha española aún no ha salido de la caverna del franquismo?
Por Enrique Pérez Romero
José Luis Rodríguez Zapatero no estuvo mucho más brillante que en el primer debate, pero el candidato popular cometió muchas más torpezas. De hecho, el Presidente perdió los nervios en alguna ocasión ante la dureza reiterada de Rajoy e interrumpió demasiado, colaborando en exceso a un debate áspero y a ratos confuso; también pareció más agresivo que de costumbre, lo que nunca se agradece, aunque los encuestados tras el debate sí parecieron valorarlo positivamente.

Mariano Rajoy cayó en los tres graves errores antes mencionados, pero también se equivocó al establecer un tono tan enfático en todas las aseveraciones ya que todo resultaba "capital", llegando a decir en sus conclusiones -en dos afirmaciones separadas por apenas un minuto- que "la economía lo es todo" y que "la educación es lo más importante" (¿en qué quedamos?); fueron unas últimas palabras agónicas, apresuradas, llenas de reiteraciones ineficaces como la realizada sobre la "España de ciudadanos libres e iguales" (una obviedad que por sobreentendida carece de capacidad comunicativa alguna) y... coronadas por la ya famosa niña.
Si ayer era el debate sobre las propuestas de futuro, no cabe duda que Zapatero se aplicó con mayor eficacia a esa tarea, y cualquiera que analice el debate con rigor y exhaustividad podrá comprobar que el Presidente formuló al menos cuatro veces más compromisos que el candidato del PP; esto resultó especialmente claro en materias sociales, de seguridad y exterior y también de relaciones institucionales, asuntos en los que Rajoy pretendió -sin conseguirlo- doblegar al Presidente del Gobierno a cuenta de, respectivamente, la inmigración, el terrorismo y el "se rompe España". Ese espíritu monotemático fue quizá el factor fundamental para que la mayoría de espectadores desconectasen de Rajoy.
"Si el PP pierde estas elecciones deberá reflexionar con sinceridad sobre la idoneidad de un candidato de estas características; hay personas que, por desgracia para ellas -como le ocurrió también a Joaquín Almunia- no cuentan con la telegenia suficiente para ser políticos de éxito"
El "Libro Blanco" con el que llegó Zapatero, y en el que según él se encontraban todos los datos que emplearía durante la conversación fue, más que un arma para convencer al espectador, un instrumento para no caer en farragosas discusiones sobre cifras que le impidieran imponer su discurso, algo que logró en la mayoría de las ocasiones.

En cuanto al contenido de los discursos ideológicos, que habían sido apuntados en el primer debate y que fueron claramente consolidados ayer, se descubrieron algunas luchas contracorriente del PP, como quedó patente en los comentarios realizados en los programas de análisis posteriores al segundo debate. Iñaki Gabilondo expuso en Cuatro el craso error de hablar de "Estado Central y Estado de las Autonomías", como hizo Rajoy, cuando sólo existe jurídicamente el segundo, ya que en cada región la Autonomía ES el Estado. En el programa 59 segundos, Margarita Saenz -de El Periódico de Catalunya- desveló el resultado de una encuesta según la cual el 60% de los españoles son partidarios de que el próximo Gobierno dialogue con ETA, a pesar del empeño del PP por enarbolar la bandera de lo contrario. Se trata exactamente de la misma insistencia en el error que seguir afirmando, como hizo Mariano Rajoy, que el PSOE venció en 2004 gracias al 11-M.
Si el primer debate lo ganó Zapatero en el ámbito de la opinión pública, en este caso su victoria se produjo ya en el mismo estudio de televisión, y de ahí dos consecuencias fundamentales: la firmeza de las encuestas a la hora de darle como ganador y la sobreactuación en la Calle Génova a la hora de recibir a Rajoy como presunto vencedor de la contienda dialéctica y como futuro Presidente.

Los cinco estudios estadísticos posteriores al segundo debate arrojan datos muy contundentes: un 50,4% frente a un 29,2% (Demométrica para Telecinco), 49% frente a 40,2% (Sigma 2 para El Mundo), un 53% ante un 38% (Metroscopia para El País), el 49,2% frente al 29,8% (Instituto Invymark para Público y La Sexta) y un 50,8% ante un 29% (Instituto Opina para Cuatro). Curiosamente, dentro de la disparidad entre análisis nos volvemos a encontrar con parámetros semejantes a los de las encuestas posteriores al primer debate: un apoyo muy estable a Zapatero siempre en torno al 50% (un 5% superior al del lunes anterior y de nuevo en torno a 6 millones de personas de los 12 millones de audiencia total) y unas variaciones muy amplias en quienes fueron convencidos por Rajoy, entre un 29% y un 40,2% (11,2 puntos de diferencia, entre 3,5 y 4,8 millones de televidentes) ¿Será ahora el voto al PP más volátil que el de izquierdas?
"Zapatero perdió los nervios en alguna ocasión ante la dureza reiterada de Rajoy e interrumpió demasiado, colaborando en exceso a un debate áspero y a ratos confuso; también pareció más agresivo que de costumbre, lo que nunca se agradece, aunque los encuestados tras el debate sí parecieron valorarlo positivamente"
El debate fue mejor que el primero porque incluso la realización pareció más dinámica, producto del propio dinamismo del intercambio dialéctico; los dos políticos estuvieron más espontáneos, algo que siempre agradece el lenguaje televisivo. La naturalidad y la amabilidad son dos características propias de la imagen comunicativa de Zapatero que se encuentran en la base de su mayor popularidad pública y que ganan enteros ante la pequeña pantalla, pero también Mariano Rajoy comenzó siendo cercano y suave en las formas; la evolución del debate y las agrias disputas en las que se introdujeron volvieron a perjudicarle por la clara tendencia de su gestualidad a los tics, la agresividad y la amargura. Si el PP pierde estas elecciones deberá reflexionar con sinceridad sobre la idoneidad de un candidato de estas características; hay personas que, por desgracia para ellas -como le ocurrió también a Joaquín Almunia- no cuentan con la telegenia suficiente para ser políticos de éxito. A pesar de que, como dijo Fernando Ónega en 59 segundos, los dos podrían ser buenos presidentes, no cabe duda de que Zapatero es mucho mejor candidato.

Si hacemos caso a la realidad televisiva de la precampaña y la campaña electorales, que no siempre coincide con la realidad real, el PSOE ganará el domingo las elecciones con cierta claridad. Los debates, las imágenes de los mítines, las declaraciones de los diversos líderes y los sondeos y encuestas, han ido siempre en una misma dirección: todas las previsiones dan ganador a Zapatero, su imagen pública es más positiva que la de Rajoy, el PSOE ofrece una imagen de mayor éxito, Rajoy se enclaustra en los mismos mensajes y la corriente visceral propiciada por todo ello favorece claramente al PSOE en los últimos días de campaña, tapando incluso ante la opinión pública los malos datos económicos. Si nos dejáramos llevar por la imagen catódica de los dos partidos hasta el día posterior al segundo debate, el PSOE no bajaría de los 11 millones de votos, ni del 42% de apoyo ni de los 170 escaños. Veremos hasta qué punto influye eso en los electores. Pase lo que pase, Rajoy deberá cambiar de imagen (y de asesores) si desea continuar en política.
04/03/2008
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